HAY colores según el gusto, la consigna o la moda y colores –como el azul turquesa del cielo– que pertenecen a la eternidad. No pregunta qué siglo pasa allá abajo, por aquel bosque, cuál sea el gusto antojado, ni qué manos pretenden rebautizar las cosas: sencillamente permanece. Bajo su bóveda nacieron los pinos que hoy son gigantes y bajo esa inmensidad germinan los que apenas asoman entre la hojarasca. No es cosa de honrar a la Patria solo un mes de cada año. Ese sentimiento debe hacer gala de presencia todos los días. En las tareas que se emprenden y en el compromiso de llevarlas a cabo cada vez mejor. Es parte de la formación desde temprana edad. Y desde esas primeras horas inculcar a los niños un sentimiento cívico como responsabilidad permanente. Ello inspiró el Juramento a la Bandera: «Juro fidelidad a la Bandera Nacional, símbolo de unidad, justicia, libertad y paz, invocando la protección de Dios y el ejemplo de nuestros próceres. Prometo honrar a la Patria, servirla y defenderla bajo un solo propósito, para beneficio de todos”.
El decreto legislativo, que lo consigna, fue ideado bajo esos parámetros de valor. Más allá del ritual de recitarlo, se pensó –cerrando los ojos siquiera un instante– en el reencuentro con la historia, la identidad, con nuestras raíces y la pródiga herencia de nuestros ilustres antepasados. Con las normas de conducta que contribuyen a modelar la sociedad ejemplar deseable. Años después de aprobado el decreto legislativo, con aquello en mente, durante nuestra gestión presidencial se emitió el acuerdo ejecutivo mediante el cual la Secretaría de Educación instruía al sistema educativo prestar el juramento a la Bandera Nacional, unos segundos antes de iniciar las clases, como obligación de maestros y alumnos de todas las escuelas. Apenas unos segundos, de memoria cívica, de modo que al hacerlo el pensamiento remontase ese vuelo imaginario, del ayer, del hoy y del mañana, de uno a otro confín de la patria amada. El texto del juramento continuó apareciendo incluso en materiales oficiales de la Secretaría de Educación del 2020 destinados a los escolares. Sin embargo, no supimos si para entonces la instrucción continuaba aplicándose o si por alguna mezquina circunstancia, de recelo a la gestión administrativa pasada, dispuso alguno de los gobernantes o su ministro de Educación, rescindir dicha obligación a los centros de enseñanza. No hay derogatoria expresa del acuerdo. Sin embargo, en cierta ocasión que consultamos si la práctica subsistía fuimos informados que “cayó en desuso”. La dirección de algunas escuelas en consulta con la autoridad educativa, decidieron que aquel medio minuto que tarda recitar el juramento, era “una pérdida de tiempo”. Mejor holgazanear horas enteras, y pasar el día entero como adictos hipnotizados a sus chunches portátiles intercambiando el basural acostumbrado y viendo TikTok en las pantallas, que dedicar una minucia, de menos del minuto, a la Patria.
Hay un Protocolo de Honores a la Bandera Nacional del 2019. El acuerdo dispone que el Juramento a la Bandera debe realizarse en cada acto cívico, después del Himno Nacional y con carácter obligatorio. (O sea, ya no como sentimiento cívico de todos los días sino cuando se les ocurra –allá a las cansadas– realizar algún acto cívico). Dicho en otras palabras, la obligación de prestar diariamente el juramento y recitar la Oración a la Bandera, antes de iniciar la jornada escolar –igual a la ley que especifica el azul turquesa al pabellón nacional y a un escudo entero no tronchado– cayó en “desuso administrativo”, sin que hasta ahora aparezca una derogación expresa que explique cuándo y por qué dejó de practicarse. Winston, rumbo a su casa, iba intrigado –porque si poco importan los símbolos nacionales, menos para que interese cuidar de lo demás– y mayor admiración sintió por ese cielo azul turquesa que, de generación en generación, nos ha protegido, ofreciendo lluvia, claridad y horizonte. El bosque entero, como la naturaleza toda, saben que conservar es custodiar aquello cuya magia consiste, precisamente, en haber atravesado los años sin dejar de ser lo que siempre fue.


