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martes, febrero 20, 2024
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Al final del arcoíris

Parado afuera en la acera, entre el viento fresco y brisa suave, para volar papelotes, diría mi viejo.

Cuando me sorprendió ver en el horizonte, un arcoíris de colores vivos, tan vivos y brillantes de esos que le alegran el corazón a uno, como la carcajada inocente de un güirro o la de Dios, que es lo mismo.

Mire compa, me dijo Pancho, mi vecino que me acompañaba en la acera, bonito eso, me dijo con una mirada larga, como si saboreara los colores con los ojos. Dicen que al final del arcoíris hay un tesoro le dije riendo pero nadie le ha visto final por muchos que lo busquen, le aseguré. Nambe compa, es que allí anda mal usted, me dijo serio de pronto, solo fíjese lo hermoso que es, resaltando en el cielo plomo de las nubes preñadas de tormenta, solo con eso es un tesoro,  aunque sea un ratito se le admira el alma a uno, como cuando éramos chiquitos, pero nosotros ya adultos se nos olvida agradecer lo que tenemos, aunque sea una miadita de araña, pero es nuestra miadita, solo mírese usted, maravillado por esa belleza y ya va pensando en un tesoro. Nambe, si no tenemos fondo ni nos conformamos, puros de aquellos del Congreso estamos, como el azadón solo jalando para ellos y cada vez más. No le digo que se conforme, si la cosa es avanzar, pero lo lagarto es lo peligroso. Pero aquí somos casi todos así, sabe, es lo malo de vivir con lo mínimo, donde el hambre es perra. Mejor compa disfrute lo que Dios le da, esa sonrisa multicolor en el cielo por ejemplo o el viento fresco que lo pringa de agua de vida, mire que hay que aprovecharlo, porque aún es gratis, más adelante no sabemos si a algún iluminado de aquellos se le ocurra algún impuesto…

Pero yo solo le contaba, le dije riendo, que dice la leyenda que al final hay un tesoro, supongo que algún baúl obeso de oro le dije burlón.

No le digo, me dijo él muy serio, usted no es más papo porque no practica compa, todos saben del tesoro, me dijo, es lo primero que le enseñan a uno, pero el problema es que es un tesoro para cada uno, como aquí brincamos del hambre, nos imaginamos oro, diamantes, rubíes, esmeraldas hasta dólares, porque lo que piensa no es el cerebro o el corazón, es la tripa que nos atormenta. El arcoíris sí tiene un tesoro y si le pone mollera lo verá, está pjusto al final, mire, me dijo señalando con los labios, desde aquí se ve clarito, me confirmó. Yo solo veo el parque donde jugaban aquellos chigüines a la pelota, entre gritos y risas, le dije y dos papelotes zangoloteados por el viento, ya ve, me contestó riendo, usted no ve como deberia, ¡sí será papo! Ese es el tesoro al final del arcoíris, la pata que no se termina de ver, enseña el tesoro, la tierra en que vive pues, la gente sus paisanos y todo lo que eso representa, ese es el tesoro compa, no oro ni qué pata de muerto, es vida y pueblo, ese el tesoro que tenemos, la sangre joven que corre fuerte en este pueblo, la esperanza del cambio y la promesa de la prosperidad, ¿qué más tesoro que ese?, me dijo con los ojos brillantes de sabiduría, sí, le dije con la nueva óptica, esos güirros de allí, sin el futuro, sin la esperanza, ¿vaa? Son más que cualquier joya, me dije, y el arcoíris nos los enseña siempre, ¡solo que no queremos ver!

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