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sábado, mayo 25, 2024

El trabajo: ¡cosa buena, en todos los sentidos posibles!

Más allá de las conquistas laborales, las cuales considero más aspectos relacionales que el trabajo en sí. Sabemos que se celebra el 1 de mayo el Día del Trabajador. Por lo general, ese mismo día es feriado en muchos países, con motivo de que puedan ser partícipes de las diferentes celebraciones, desfiles, protestas y convivios que se realizan por el acontecimiento.

Existen dos líneas de pensamiento con respecto al trabajo. Y en lo personal me he dado mucho a la tarea de investigar las motivaciones de la gente que trabaja bastante y de manera exitosa, pues de sobra conozco la otra línea de pensamiento, donde buscan la ley del mínimo esfuerzo en todo lo que hacen.

La primera línea de pensamiento es quienes ven el trabajo como un castigo. Seguramente no lo disfrutan o no son su área de pasión, pues se conforman con recibir un sueldo a cambio de algo que para nada les agrada hacer. Viven torturados, desanimados y sintiendo frustración cada domingo en la noche, cuando reconocen que el lunes les toca volver a trabajar.

Lo interesante de éstos, que viven quejándose y compartiendo cosas negativas del trabajo, es que cuando se quedan sin él, anhelan y desean volver a conseguir otro. Creo que la razón por ello es sin duda los ingresos, que no está mal, pero gente conocedora como Robert Kiyosaki, autor de muchos libros de emprendimiento y dinero, asegura que el “dinero en sí” jamás puede ser una fuente de motivación sola.

Todos recordamos a nuestro querido “Don Ramón” del Chavo del 8, que vivía buscando trabajo, deseando no encontrarlo, muchos están así como nuestro querido Monchito.

La otra línea de pensamiento es aquellos que sencillamente ven el trabajo como una fuente de bendición. Aparte de lo mucho que el libro sagrado nos enseña de cómo Dios bendice al trabajador diligente, todos pensamos que se trata de dinero, cuando el trabajo tiene muchísimas áreas en las cuales nos hace crecer.

Una cliente, a la cual admiro, me dijo “el trabajo es terapia para mí”, siendo ella una persona mayor, me decía que el tener un lugar donde pueda continuar siendo útil, la hacía sentir viva. Tengo con grato cariño el ejemplo de mi abuela, una trabajadora incansable que pasaba en su casa, pero ella buscaba generar sus recursos vendiendo refrescos, pelando naranjas y vendiendo pilones.

El trabajo hace crecer nuestro carácter, pues nos toca la convivencia con otras personas, otras ideas y otros pensamientos que no son los nuestros y nos toca desarrollar ese potencial, muchas veces esa humildad, y aún más nuestro liderazgo para poder trabajar en equipo.

En lo personal, creo que el trabajo es hasta salud. En lo mental y en lo físico. Recuerdo a muchas personas abrumadas en sus casas por asuntos personales, que en el trabajo encontraban un lugar de refugio para salir de algunos círculos de pensamiento.

Durante la pandemia pudimos ver cómo deseábamos volver a ese lugar de trabajo, con nuestros compañeros, a desafiarnos en cosas útiles. Un trabajo no es un empleo. Usted puede ser emprendedor, empresario, empleado, pero trabajo es trabajo. Debemos honrar lo que se nos ha confiado y algo que repito a la gente, si ya no le agrada su trabajo, ¡dé las gracias y busque otro!

Quiero dedicar estas líneas finales para felicitar también a aquellas amas de casa que poco o nada se les reconoce su trabajo. ¡Cuidar una casa es un gran trabajo! Sobre todo cuando hay que educar a pequeños. ¡Felicidades!, a todos aquellos que con entusiasmo reconocen la bendición de poder trabajar.

Enrique Zaldivar
Enrique Zaldivar
2050 Comunicaciones
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