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lunes, marzo 4, 2024

Ya fuimos

Sí, me dijo con sus ojos de media luz, esa mirada triste tan típica de él. La verdad es que ya fuimos ¿vaa? ¿Cómo? Logré contestarle, ¿cómo así? Fíjese, me dijo serio, mientras boleaba mis zapatos, sentado en su eterno banco, perlándole el sudor de gotas de plata el pellejo cobre de indio de aquí. Hemos estado fregados desde ya días, cada vez está más peluda la cosa, más fea que éste, dijo con picardía, señalando con los labios a su compañero, chiquito él y con cara de camión. Aquí si nos tiramos de politólogos y sociólogos, hablando difícil, entre chaine y chaine, le podemos decir cómo está la situación del país. Antes venían de todo, señoritos fufú, hijos de papi y mami, políticos empetacados, oficinistas nítidos, uno que otro verde, pero los de grado, los que ya tienen panza pues y a veces de aquellos ganaderos que no tienen vacas, pero andan en Prado blindadas o tres punto cero, alcaldes achichincles, hasta los estudiantes y “estudiantas” hemos tenido, con su vendaval de juventud, perfumado de risas, venían casi a diario, ¿vaa vo?, le dijo al “cara de camión”. Pero ahora, pues, todo ha bajado, los oficinistas de por aquí mejor le pasan un trapito a sus zapatos, ahí los vemos todos a la carrera, con sus maletines y bolsas y los zapatos opacos, ya días no vemos políticos, se han ido con su propaganda a ver qué consiguen, creo yo, y los clientes cada vez más caen como cuando ponen la luz, de poquito y de vez en cuando. Eso compa es porque ya no hay tuza, está perra la cosa, aunque lo nieguen los de arriba, la cosa se ha puesto cachimbeada, y hay prioridades, la verdad no los culpo, si también nosotros lo hemos sentido, con decirle que mi billetera hasta eco tiene de vacía que está, dijo, robándole una sonrisa insípida al ‘camioncito’ de a la par.

Ya no es como antes, desde aquí sentados, viendo pasar el día, entre la modorra de la tarde y los vapores de la chinola lo vemos todo, cada día más descolorado, cómo el póster de político rancio dejado al sol para que se blanquee, cada día son más son los zapatos sucios, cada día menos brillantes, la gente prioriza, entre la pulcritud o la comida y creo que ya sabemos lo que gana ¿vaa? Sí compa, así como sintió usted que nos robaron en el partido pasado, así como sintió usted la transa, la cólera de la impotencia al ver la marufia, manchar un deporte, cómo se vio el descaro al robarnos el partido y la poca alegría que tenemos los pobres, de sentir aunque sea un ratito ser vencedores, así nos sentimos aquí, al ver cómo el lodo nos gana terreno, cómo la gente se va, no porque quiera, sino porque ya no pueden, así vemos con tristeza e impotencia, cómo nos roban la vida, igualito que el partido. Por eso le digo que aquí somos un termómetro, somos testigos, vemos cómo vamos de picada y cabal como en el partido, la poca alegría que pudimos tener se marchitó, se perdió.

Tan torcidos estamos que hasta nos descalificaron a aquella muñeca, pues, y cabal que, con ese partido más hablado, que las sesiones allá en la capital, se nos terminó de arruinar el chaine. La pátina de los intereses mezquinos se vio hasta en el extranjero y se vio clarito que en todos lados está y sobre todo que se permite o se acepta talvez, allí supe, fíjese, que ya fuimos, ya fui yo, ya fue usted y hasta el “cara de camión”, ya dejamos de ser para volvernos nada, tal vez solo espectadores que nos secamos desde adentro hacia afuera viendo con mirada vacía cómo nos roban nuestra vida, nuestra realidad, nuestro ser. Nos vamos secando, esperando esa boleada cada vez más distante, más raleada, así vamos quedando, ¡ya fuimos pues!

Pero ¿sabe lo peor, compadrito? Lo peor es que lo vemos, lo olemos, lo sentimos, lo sabemos y no hacemos nada, como esperando que vengan otros a arreglarnos el rollo, cabal como esos cordones con nudo que uno se topa y en vez de ver cómo desenrollarlo, me siento a esperar que otro lo haga, eso es lo peor, mi compa, por eso ¡ya fuimos!

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