Por Ernesto Alvarado Reina

Es indiscutible que nuestro pueblo merece y urge de un verdadero cambio sustancial que, sin discusiones, proceda de la voluntad de las personas que tienen el privilegio de Gobernar y Administrar nuestra querida Patria.
No podemos apartar que la salud, la educación, la cultura, la destreza y otras formas de conducción adecuada y pertinente, transportan hacia la consecución de resultados altamente objetivos y, por lo tanto, de aceptada relevancia para toda una población sin distingos de ninguna naturaleza. Aunque parezca paradójico, hay un gran pensamiento que, con energía y seguridad, cultivan con la intensidad debida para aumentar con caudales de facilidad, los diversos conocimientos de la vida; y esto frecuentemente se abona con sabiduría y ejemplar modelo que se posee de manera consuetudinaria y proporcionando un tiempo necesario por los pueblos, que se desarrollan con amplia seguridad y tranquilidad.
Planteada este orden de ideas, estimamos que el camino apropiado hacia el progreso material y espiritual de un país, se demuestra con efectiva capacidad, evidente honestidad, y decidido empeño de las personas que tienen el privilegio de ocupar altas y elevadas posiciones en el engranaje gubernativo y en sector público que demuestra su vital interés de mejoramiento. Por consiguiente, se debe obtener el camino de prosperidad, aumentando la genuina y especial capacidad de posesionarse de una actitud vigilante y ponderada, que esencialmente se constituya en una valiosa herramienta y un aliciente para robustecer la paz, el bienestar y tranquilidad de la sociedad hondureña.
No obstante, las ayudas económicas que se logran conseguir provenientes de la voluntariedad o de préstamos provenientes de naciones extranjeras, las deficiencias de la educación, son manifiestas, máxime cuando permiten mantener un elevado porcentaje de analfabetismo. Por otro lado, las deserciones, abandono o huida escolar son alarmantes, debido a motivos, causas y circunstancias especiales, que tienen como elemental característica las condiciones en que viven o se desenvuelven los ciudadanos con menor ingreso económico y no digamos las pésimas situaciones que se observan en el campo rural. Por eso a pesar de las ayudas financieras provenientes de créditos en el exterior, las deficiencias de la educación son manifiestas, cuando permiten mantener una gama de anomalías. La desnutrición infantil es otro de los favores y elementos que contribuyen a condicionar un panorama de sustancial desmejoramiento. La deserción escolar es un problema elemental pero esta dificultad, tiene distintos contornos, una de ellas es la alimentación baja en calorías, los niños presentan ojeras, lesiones en la piel y el cabello, estomago abultado y aspecto amoratado como signos francos de desnutrición. Todo lo anterior y otras causas o circunstancias, hacen no posible un rendimiento correcto y satisfactorio en la instrucción. Por otra parte, la situación de la vivienda es lamentable, nos obstante el financiamiento que se obtiene del crédito privado y externo.
En resumen, podemos afirmar con propiedad, que de con conformidad con la experiencia observada, se deben de mejorar las condiciones de higiene y salubridad que son patentes y desastrosas tanto del presente y el futuro hacinamiento y aglomeración, no controlada en que viven algunos hondureños, que realmente es deplorable, especial en el sector urbano o rural, donde viven los campesinos y ciertos obreros.
Por tales razones y otras no menos importantes, las vivencias hacia un extenso bienestar están muy largas o flojas para procurar un panorama halagador y feliz, en un programa gubernamental de gran transcendencia y paulatino como seguro y afortunado crecimiento.
No hay que guardar silencio, sino que, al contrario, reclamar el pueblo un debido cumplimiento de sus derechos y concluir en bases positivas de alto rendimiento, para conseguir interesantes resultados positivos, dentro del marco de la Carta Fundamental de Honduras y su reglamentación en las leyes ordinarias vigentes.



