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martes, junio 25, 2024

Un visitante extraterrestre (Segunda parte)

Una novela de ciencia ficción para leer en menos de cinco minutos o menos.

AL ESTILO FIEBRE DEL ORO… PERO CON DIAMANTES

Dos años habían transcurrido desde el momento en que Edward Reeds descubriera y bautizara RAMA al enorme asteroide que a una sexta parte de la velocidad de la luz se dirigía hacia la Tierra.

La enorme órbita de RAMA, comprobada por la comunidad científica, fue calculada en 6 millones de años, lo que quiere decir que la última vez que se aproximó a nuestro vecindario fue poco antes de que se iniciara la vida.

Pero, lo que le dio notoriedad y fama mundial a su descubridor y a RAMA fue la comprobación de que su enorme superficie estaba compuesta, en su mayor parte, por diamantes.

Una verdadera fiebre de diamantes, al estilo de la fiebre del oro en el viejo oeste, se desató en todo el planeta. Se estimó que podría haber “pedazos” de 500 libras o más (libras no quilates) del diamante más puro del Universo.

Entre los muchos inconvenientes a superar por quienes fueron bautizados como “mineros espaciales” era fabricar una nave carguera que pudiera acercarse a la misma velocidad a RAMA, posarse en ella, extraer todos los diamantes que fueran capaces de transportar, luego desacoplarse y poder regresar a la Tierra, de la que se estarían alejando a razón de 60 mil kilómetros por segundo.

Un cálculo bastante aproximado indicaba que cada día posado en la superficie de RAMA, se alejaría más de cinco millones de kilómetros.

Lo menos que se tardaría en aterrizar, cargar y salir de regreso serían entre cinco y seis días, lo que quiere decir que al cabo de la misión estarían a unos 25 millones de kilómetros de distancia, la que tendrían que salvar de regreso a casa.

¿A qué velocidad iniciarían el retorno? Pues 60 mil kilómetros por segundo, lo que arrojaba un problema aún mayor; cómo desacelerar en tan poco tiempo para no “perder” la Tierra e ir a dar al vacío cósmico.

Una de las soluciones planteadas era la de colocarse en órbita alrededor de la Tierra e ir reduciendo hasta llegar a una velocidad aceptable y segura, lo que podría tomar, calculando conservadoramente, un período de 4 años.
En total sería una misión de al menos 6 años; 2 para llegar a RAMA y cuatro de regreso. Jamás una misión tripulada había durado más de cinco días.

Algunos astronautas habían permanecido en la Estación Espacial Internacional hasta por 470 días, pero eso era cerca de la Tierra, con suministros disponibles casi de inmediato, nada que ver con una misión que no podría repostar de oxígeno, agua, alimentos ni combustible, no existen estaciones de servicio en el espacio.

Esos y otros problemas parecían no preocupar demasiado a todos aquellos que, con la mente puesta en enormes riquezas, planeaban la manera de saquear RAMA.

El pensamiento del hombre siempre se ve nublado cuando intervienen factores como riqueza, sexo o poder. Algunos han comentado que el primero de los tres conduce a la obtención de los otros dos y obviamente parecen tener razón.

Las acciones de las más importantes empresas dedicadas a la extracción y comercialización de diamantes parecían estar montadas en una velocísima montaña rusa, subiendo y bajando diariamente, según se iban produciendo noticias sobre la explotación de RAMA y su increíble riqueza. Un día el valor de un collar de diamantes se calculaba como si estuviera compuesto de vidrio y otro se elevaba hasta las nubes, cuando los publicistas y especuladores argumentaban que los diamantes espaciales tendrían una pureza como ninguno de la Tierra y por lo tanto mayor valor.

Entusiasmados con los diamantes, pocos se interesaron en seguir analizando el resto de la composición de RAMA, de qué estaba formado el 35% del asteroide que no eran diamantes.
Pero algunos, entre ellos el propio Reeds, querían saber todo acerca de RAMA y de la oportunidad de una vez en la vida que se le había presentado.

Lo que detectó y pudo comprobar con mediciones independientes, fue quizá más interesante que la composición de los mismos diamantes.

Y, al igual que sucedió cuando reportó su hallazgo, nadie puso mucha atención a su publicación en la revista científica Cosmos, donde expresaba que RAMA estaba compuesto únicamente de dos elementos: Diamantes y hierro. Tampoco nadie hizo mucho caso al análisis del hierro, el cual parecía estar totalmente magnetizado.

RAMA era, en conclusión, un cuerpo espacial compuesto de diamantes y de un gigantesco y poderosísimo imán, el cual atraería con terrible violencia cualquier objeto metálico que se acercara a su área de influencia y que, finalmente, se estrellaría contra su durísima superficie, una colisión de la que nadie podría salir vivo.

Una pregunta que se hizo Edward Reeds en lo personal, la cual no incluyó en su publicación en Cosmos fue: ¿Y si se trataba de una máquina? ¿Si todo ese metal fuera más bien un mecanismo?

La próxima semana El Regreso de RAMA

Tercera y última parte de la novela Visitante Extraterrestre.

Otto Martín Wolf
[email protected]

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