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sábado, mayo 25, 2024

Humo mortífero, otra vez cubre San Pedro Sula

La situación que presento es una repetición alarmante de lo que publiqué el 25 de abril de 2023: San Pedro Sula está nuevamente envuelta en humo. La calidad del aire es deplorable, como lo confirma el sentido común: no se puede ver el cielo, la ciudad huele a quemado y, según las aplicaciones de clima utilizadas para medir la calidad del aire, es insalubre, con un índice de 227 (6 de mayo de 2024), lo que indica una muy mala calidad del aire. Las recomendaciones de la aplicación son claras: realizar actividades en interiores. Durante los últimos tres meses, los reportes han sido consistentes en la gravedad de este asunto.

En contraste, en Tegucigalpa, la ciudad de la política y de los aprendices de Maquiavelo, se reporta un índice de calidad del aire de 113 el mismo día (6 de mayo de 2024). Esto implica que, para aquellos con problemas respiratorios, la calidad del aire puede ser peligrosa hoy. Al analizar estas cifras, es evidente que San Pedro Sula está en condiciones aún peores, pero la campaña mediática se dirige a Tegucigalpa. El problema de la calidad del aire debería ser tratado con la misma seriedad que cualquier otro desastre natural, como huracanes o tormentas tropicales. Aunque en el caso del humo sabemos que es de origen antropogénico. El tema parece se trata superficialmente, sin informes o dictámenes que aborden, por ejemplo, cómo la quema de bosques o cómo la zafra agrava la situación.

Es hora de invertir en tecnologías limpias, a pesar de los costos asociados. ¿Cuánto cuesta realmente a la ciudadanía enfermarse y ver disminuida su esperanza de vida a largo plazo? El calor es sofocante, comparable a vivir en una casa donde se cocina con una hornilla y no se usa chimenea para expulsar el humo. Las soluciones existen: la Fiscalía de Ambiente, Copeco y las organizaciones gremiales deben liderar la búsqueda de respuestas. No todos los sampedranos tienen acciones o dependen de la zafra. El bien común debe ser prioritario. Disculpas de antemano para aquellos que se sientan ofendidos porque sus intereses económicos están siendo abordados de manera indirecta; la intención no es atacar negocios, sino mejorar las prácticas ambientales y promover la responsabilidad social, evitando el “green wash”.

Aclaro que no estoy contra la industria azucarera, pero desde hace tiempo San Pedro Sula, La Lima, El Progreso y Villanueva son asfixiadas por el humo, que contamina el aire. Los pobladores de estos municipios estamos nuestro derecho a demandar soluciones, no dejar dormir el tema que impacta la vida de las personas que aquí residen, sin importar clase social, abolengo, religión o ideologías, de género o políticas. También de manera responsable, debemos conocer los perjudicados, que otros factores están contaminando nuestra ciudad.

No pretendo ser Greta Thunberg (ya quisiera ser tan valiente), la joven activista que lucha contra las grandes industrias por sus malas prácticas ambientales. Seamos razonables y no politicemos temas como el medio ambiente, busquemos soluciones sostenibles. ¿Qué piensan aquellos que tienen hijos y nietos y dicen amarlos, pero se quedan callados? Debemos considerar el futuro de las próximas generaciones y de las otras especies con las que compartimos este hogar común llamado planeta Tierra.

Espero que este artículo sobre el humo en San Pedro Sula no sea solo otra cortina de humo. Los habitantes de Tegucigalpa, comparados con los de la Ciudad Industrial, disfrutan de una mejor calidad de aire de la que respiramos por aquí en el norte del país.

Muchas personas que han optado por nunca fumar o por dejar de hacerlo para mejorar su salud, les doy malas noticias, estudios han comprobado que vivir en una ciudad con altos niveles de contaminación del aire durante un año puede ser equivalente a fumar entre 150 y 200 cigarrillos anuales, en términos de riesgo para la salud pulmonar. Otros estudios señalan que es el equivalente a fumar entre 10 y 20 cigarrillos al día. Quizás algunos estarán pensando en volver a fumar o volverse fumadores, pero no es el punto. Debemos trabajar para mejorar el aire de nuestra ciudad.

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