Por Emy James
SICÓLOGA

“No quisiera casarme de nuevo, siento que cuando firmo el papel me relajo, me dedico a mis cosas, descuido a mi pareja y esa ha sido una de las razones principales de mis dos divorcios”, asegura el presentador mexicano Yordi Rosado.
Jorge Bucay psiquiatra, terapeuta familiar y de pareja, conferencista, presentador de televisión y escritor, diría que lo que Yordi de verdad descuida es la relación.
He aquí dos ejemplos, dos parejas comprometidas no solo con el otro, sino con el vínculo que decidieron formar, vínculo que se mantuvo funcionando hasta que la muerte los separó:
David Bowie e Iman.
El icónico cantante británico y la Top Model somalí estuvieron casados 24 años durante los cuales ambos “gritaron a los cuatro vientos” lo felices que se sentían de estar juntos. Ella tenía una hija de un matrimonio anterior, igualmente él tenía un hijo de una relación previa y juntos tuvieron una hija.
En enero de 2016, Bowie murió de una enfermedad que mantuvo oculta a los medios. Iman, quien hoy en día es toda una empresaria exitosa y activista de causas tan nobles como la de cuidar por niños de su natal África, ha sido tajante en cuanto a su decisión de no volverse a casar. Ha declarado que duda mucho encontrar lo que tenía con David.
La diferencia de edad que había entre ellos (casi 10 años) no fue gran problema para que sean considerados hasta hoy una de las parejas más estables de la cultura pop.
Tina Turner y Erwin Bach: Ella venía de una relación más que tormentosa y traumatizante, su carrera estaba por todo lo alto, tenía 49 años e hijos cuando lo conoció. Él tenía 30, ejecutivo de la industria musical, se enamoraron desde el primer instante.
Estuvieron juntos 30 años, se mudaron solos a una casa en Suiza, ella tuvo múltiples pérdidas importantes durante ese tiempo, incluyendo una hermana y dos de sus hijos. enfermó gravemente dos veces, la segunda vez estaba decidida a practicarse la eutanasia, pero él le donó un riñón con el cual ella vivió 6 años más.
En sus últimas entrevistas ella se veía radiante. Con respecto a Erwin aseguraba que era lo que ella necesitaba. Él decía que no cambiaría ni un minuto de su vida junto a Tina.
Cuando se comienza un romance con otra persona, automáticamente aparecen tres entes en escena; él, ella y la relación. Para que todo “marche sobre ruedas” será importante trabajar en los tres por igual.
De una u otra manera él contribuirá en el bienestar de ella y ella en suyo y entre los dos trabajarán arduamente en la relación. Pero por lo general no sucede así y resulta que por alguna razón, solo uno de la pareja se ve beneficiado de esa sociedad, el otro vive opacado, relegado. Claro está que el vínculo es inexistente, ya que los reflectores reposan sobre uno de los tres.
A veces pasa que ambos se descuidan y por consiguiente la conexión también (y recordemos que lo que se descuida, se pierde), aquí nadie está bien, a ninguno le viene bien el asunto.
Y luego hay parejas que trabajan cada uno por su lado y les va muy bien, pero olvidaron la relación. Como individuos se sienten satisfechos, como pareja, no tanto.
¿Qué hacer? Si aún estamos interesados, trataremos de asegurarnos de que el otro esté bien, estar bien nosotros mismo y rescatar la relación. ¿Y cómo se rescata la relación? Dándole eso que le damos a las cosas que más nos importa: nuestra atención.



