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jueves, octubre 22, 2026

¿Trastear?

EN el bosque, los robles de corteza severa ofrecen savia auténtica a cada hoja. De ellos depende la fidelidad de la vida; mantener íntegro el ambiente, aunque las ráfagas de viento remolinen la hojarasca. –Decías ayer –Winston al Sisimite– que el periodismo serio verifica antes de publicar, a diferencia de las redes donde majaderos riegan infundios con impunidad. –Sí, es que la honra ajena no es material desechable ni juguete para trastear con ella. Una imputación falsa puede destruir en minutos una reputación construida durante toda una vida. “El derecho a informar y la libertad de opinar no convierte la calumnia en noticia ni la difamación en ejercicio legítimo de la libertad”. La frontera moral que la prensa respetable jamás debe abandonar, es que el periodista responda por lo que publica y constate antes de publicar.

–La prensa convencional, hoy más que nunca, debe distinguirse del tumulto, de las habladurías, de las sospechas sin sustento, de las redes sociales. Es el último refugio de la verdad que le queda a la sociedad, frente a la imprudencia permisiva de esas plataformas insidiosas. La credibilidad de un medio serio es que informa con la verdad, contrastado al uso calumnioso en esos espacios temerarios, donde la honra ajena queda a merced de los rumores, de la odiosidad y de la infamia. ¿Es que ya no hay criterio de lo decente y de lo indecoroso, para entender que detrás de cada nombre inocente expuesto al escarnio público hay una dignidad, una familia, una trayectoria y una reputación, muchas veces labrada durante toda una vida, que pueden quedar irreparablemente mancilladas por una imputación irresponsable? La honra de las personas no puede convertirse en moneda de cambio para entretener audiencias o cosechar “likes” en las redes sociales. ¿Cabe preguntarse si cierta veleidad que comienza a advertirse en algunos medios convencionales no responde precisamente a la tentación de competir con las redes, imitando sus peores prácticas: la precipitación, el sensacionalismo, la acusación sin pruebas y el linchamiento de reputaciones? ¿Al gremio de la comunicación, no le provoca honda tristeza esa peligrosa renuncia a los principios del periodismo para disputarles a los difamadores la atención del público? Un medio respetable debiese cuidar su compromiso con la verdad, ya que al amplificar el infundio le presta el prestigio de su nombre, reviste la mentira de aparente credibilidad y multiplica el daño causado a la víctima. Y mientras autores de un agravio pueden esconderse tras el anonimato, gozar de la impunidad de una pantalla, –ya que no hay nada que regule esa salvajada– el periodismo digno tiene el deber de dar la cara y responder por sus afirmaciones. ¿La prensa necesita parecerse a las redes para sobrevivir o no sería más meritorio el esfuerzo por distinguirse de sus excesos para seguir mereciendo confianza?

–El medio que abandona la verdad por el escándalo, que recurre a la ligereza en aras de ganar audiencia, termina perdiendo precisamente aquello que constituye su mayor patrimonio: la credibilidad. Y así como el daño a la honra, tantas veces es irreversible, la pérdida de confianza es irrecuperable. –¿Y cuál es la moraleja? –«Cuando la prensa, por parecerse a las redes, adopta sus vicios, sepa Judas qué público conquista, pero lo que sacrifica es su prestigio. Y cuando convierte la honra ajena en espectáculo, deja de ser guardiana de la verdad para convertirse en cómplice del escarnio». Winston y el Sisimite notaron como bajo ese dosel, las redes tejían una malla de raíces y hongos perniciosos, susurrando esporas de rumores, entrecruzando lo cierto con lo inventado, deseando que el bosque entero dudara hasta de su propio nombre.

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