El estado de Texas aprobó una nueva política educativa que incorporará pasajes e historias de la Biblia como parte de las lecturas obligatorias para estudiantes de las escuelas públicas, una decisión que ha generado un intenso debate sobre los límites entre la educación pública y la libertad religiosa en Estados Unidos.
La medida fue avalada por la Junta Estatal de Educación, de mayoría republicana, mediante una votación de 9 votos a favor y 5 en contra. El nuevo listado de lecturas entrará en vigor de manera gradual y deberá implementarse en todos los distritos escolares del estado a partir de 2030.
El programa incluye relatos bíblicos como David y Goliat, la parábola del Hijo Pródigo y fragmentos del Libro de Job, además de obras clásicas de la literatura universal como las fábulas de Esopo y adaptaciones de Don Quijote de la Mancha. Según las autoridades educativas, el objetivo es que los estudiantes conozcan textos que han influido en la historia, la cultura y la literatura occidental.
Los impulsores de la iniciativa sostienen que la tradición judeocristiana ha desempeñado un papel relevante en la formación histórica y jurídica de Estados Unidos, por lo que consideran pertinente que los alumnos estudien estos contenidos desde una perspectiva académica.
Sin embargo, organizaciones defensoras de los derechos civiles, líderes religiosos de distintas confesiones y expertos en educación cuestionan la medida al considerar que podría vulnerar el principio constitucional de separación entre la Iglesia y el Estado. También advierten que el contenido aprobado otorga un protagonismo predominante a la tradición cristiana, dejando de lado otras expresiones religiosas presentes en una sociedad cada vez más diversa.
La decisión se suma a otras iniciativas impulsadas recientemente en Texas para aumentar la presencia de contenidos religiosos en los centros educativos públicos, entre ellas la exhibición de los Diez Mandamientos en las aulas y la adopción de materiales didácticos con referencias bíblicas. Estas políticas han provocado una serie de desafíos legales que podrían llegar nuevamente a los tribunales federales.
Analistas consideran que, por tratarse del segundo estado más poblado del país y uno de los sistemas educativos más grandes de Estados Unidos, las decisiones adoptadas por Texas podrían influir en futuras políticas educativas de otras entidades, reavivando el debate nacional sobre el papel de la religión en la enseñanza pública.


