martes, 5 diciembre 2023
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¿SERÁ QUE LES DIVIERTE A LAS AUTORIDADES?

Quise ser sarcástico, aunque fuera sobre un tema tan delicado y que no tiene nada de divertido: lo peligroso que se ha convertido el territorio nacional para conducir un vehículo automotor, incluyendo también, lo dramáticamente arriesgado que es ser un pasajero en cualquier medio de transporte o, simplemente, un transeúnte caminando despreocupadamente por una acera del país.

¿Por qué pareciera que a las autoridades esto no les importa? ¿Por qué el Gobierno central pasa distraído en jueguitos políticos y no se da cuenta de la emergencia nacional en que se ha convertido el tema de los accidentes de tránsito? ¿Será que le entretiene? Obvio que no, es una broma de mi parte, porque no es que les divierta, es que son unos insensibles, incompetentes y que no tienen ni idea de cómo administrar el país, solo cómo causar caos, nada más.

El día de anteayer, un loco más, emborrachado de testosterona, exhibiéndose ante su amigo y con alcohol en la sangre, sin importarle que transportaba vidas humanas valiosas para la sociedad y un tesoro para sus respectivos seres queridos, en un acto de locura desenfrenada, frente al Polideportivo de la UNAH, acá en la capital, se saltó un muro y cayó al vacío 17 metros, muriendo él y lesionando a varias personas.

Esto se repite una y otra vez en todas partes de Tegucigalpa, en todas partes del país: pailas, camionetas, microbuses, motos, volquetas, furgones, mototaxis, es decir, todo el espectro de tipo de vehículos se ve envuelto en accidentes con un factor común: el 99.99% de los conductores son varones. ¡Obvio que la mujer es mucho más prudente para manejar! Pero además no tiene en su mente esa locura por la temeridad, el peligro, mucho menos la irresponsabilidad.

Pero bien, ese accidente mencionado me llevó a tomar este tema para embadurnárselo a las autoridades. ¿Qué van a hacer al respecto? Yo creo que nada, como es usual, hasta que ya la cosa sea realmente un infierno, así como sucedió con el plan antiextorsión, que fue hasta octubre del año pasado, 9 meses después de haber tomado posesión, cuando se les ocurrió hacer un plan.

Guiados por el odio, no saben cómo gobernar. Desmantelaron todo lo bueno de los anteriores gobiernos, y a la Fuerza Nacional Antimaras, que incluía el combate a la extorsión, le dieron vuelta y el delito se desbordó. Típico de los de izquierda: crear caos para pasar echándole la culpa al gobierno anterior.

Los motociclistas parecieran que tienen problemas de autoestima y que, manejando a lo loco, exorcizaran sus complejos. No solo por esas estridentes bocinas que les ponen a esos ínfimos medios de transporte deseosos de atención, sino también por la irresponsabilidad con la que manejan: se atraviesan frente a los carros, zigzaguean como una competencia de “slalom” en las Olimpiadas de Invierno, se suben a las aceras apartando a los peatones, conducen en sentido contrario, en fin, cualquier infracción ellos la cometen, pero lo más triste es que terminan con la vida de sus acompañantes. Son realmente actores de decenas y decenas de homicidios en los que pierden la vida -por culpa de la actitud despreciable con la cual manejan- sus madres, hermanas, amigas, compañeras de vida, esposas, que quedan untadas en el pavimento, debajo de las llantas de camiones, en fin, vidas segadas por esos varones irresponsables de todas las edades.

En el caso de los motoristas de rapiditos, a mí, que ando en transporte público, me consta, lo he sufrido en carne propia, manejan como si estuvieran poseídos por algún tipo de demonio. Hacen cosas que parecieran imposibles por las leyes de la física. No respetan altos, semáforos en rojo, derechos de vía y, abusando de la superioridad en peso y tamaño, le echan encima esas bestias de hierro a cualquiera.

No puedo dejar a un lado esa música detestable que debería ser prohibido que sonara en el transporte público por sus letras implícitamente sucias e inmorales. Van sacudiendo a los pobres pasajeros como si se tratara de una gigante maraca al son de Bad Bunny.

El tiempo no alcanzaría, y este poco espacio menos, para seguir hablando sobre el tema, pero sin duda alguna debe conformarse una comisión de estudio sobre esta situación que, sin duda, irá empeorando, y que desde ya hace ratos tiene a los hondureños queriendo hacer justicia por propia mano de todas las formas: a golpes, a machetazos, a balazos en las calles, a plena luz del día. El odio, la frustración están a flor de piel en el hondureño, y cuando hay algún incidente de tránsito, se bajan como ‘rambos’ y ‘terminators’ a querer reventarse hasta la madre.

Antes que este fenómeno social siga aumentando, hay que tomar cartas en el asunto y de una vez por todas ser drásticos. Ya tenemos suficientes muertes por violencia social o por la delincuencia, para que sumemos también tanto dolor y muerte por los accidentes de tránsito, a menos que para el actual Gobierno sea parte de su plan de generar y gozarse del caos.

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