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Honduras
miércoles, junio 3, 2026

¿Sembrador?

“ESPERABA con ansias –un amigo fundador del colectivo– este editorial luego que hace unos días vimos la triste noticia del embajador Arcos. Durante mis viajes a Washington como presidente de la Cámara de Comercio Hondureña-Americana, tuve el privilegio de cenar con él varias veces; su preferencia por nosotros era más que evidente; sus ojos brillaban cuando hablaba de Honduras”.

“Un verdadero amigo y un defensor acérrimo que los hondureños perdimos”. “Descanse en paz. Además, Winston se lució en sus palabras de cierre, una corta pero bella pieza de literatura para despedir a un amigo”. Alusivo a la conversación de cierre:

(El Sisimite: Estás allá –en el azul de la infinita paz, al que todos vamos– donde el sol ni sale ni se oculta, pero nunca hay ausencia de luz; ni la noche es un cielo estrellado, sino la cuna tersa del sueño en la inmensidad, donde el tiempo ni cura ni lastima, confundido en la eternidad. – Winston: Igual que araste surcos de bien en la tuya, lo hiciste en tierra ajena, como si fuese la propia. Y cosechaste la inmensa amistad que, llena de gratitud, no olvida esa huella frutecida de tus pasos generosos. Tu memoria siempre será semilla de esperanza en esta tierra que abrazaste con amor desinteresado. Que la corona más humilde de todos los tiempos, sea luz que ilumine senderos de reminiscencia de tu fecunda vida terrenal).

“Y lo incontable del anecdotario –mensaje de amigo abogado– lo ratifica como un maravilloso culto al ser humano, con un exquisito sentido del humor. Bonito obituario, más bien, sentido, no sé si aplica bonito”. La leída amiga: “Don Cris hasta «exégeta de trabalenguas», ja, ja, ja”. “¡Hermosisisisisísimo! Ya lloro con el cierre”.

El filósofo del colectivo: “Tal como usted lo narra. Mi papá era de La Paz, y nosotros gozábamos con esa su forma de hablar”. Alusivo a esta cita: (“El doctor, tenía una su peculiar forma de hablar. Cuando no quería conversar, o platicaba para que los interlocutores no entendieran lo que estaba diciendo, se enfrascaba en un monólogo de murmuraciones que no daba espacio a las interrupciones. Ni aguzando el oído podía descifrarse la jerga paceña a que recurría, menos llevar el hilo de la ráfaga de palabras disparadas en arreado desenfreno. Muchas veces el embajador Negroponte salía del despacho presidencial solicitando una traducción, no porque no supiese hablar bien el español, sino por lo ininteligible de aquel argot pueblerino. Pero Arcos, parecía entenderlo a la perfección, de forma tal que cuando caía en la presidencial, o en el retiro de La Paz, la grulla de funcionarios importantes procedentes de Washington, –de tantos a quienes, dos días de efímera estadía eran suficientes para salir “expertos” en asuntos nacionales y regionales– solicitaban sus servicios de traductor (exégeta de trabalenguas)). “Qué belleza de historia y homenaje al embajador Arcos”. –mensaje de la dirigente empresarial progresista que nos invitaba a su casa a cenar cuando venía a Tegucigalpa– “Me encanta ver su cariño expresado en esta obra de arte editorial”.

“Mire qué linda noticia, su entierro será en el Cementerio de Arlington”. “La anécdota con su padre, don Oscar, QEPD, tan bonita”. Alusivo a la plática, recién nombrado director de USICA, cuando su primera ronda fue a LA TRIBUNA:

(¿Y usted joven – la pregunta a mansalva– que más tiene aspecto de latino, que de gringo, de dónde viene; dónde estuvo asignado antes? Con el gesto risueño –que siempre lo retrató– ofreció un breve repaso de sus raíces natales hispanas de San Antonio, Texas, y a la otra inquietud contestó que su última parada en el servicio exterior fue la Unión Soviética. -“De Rusia a Honduras –sonrió el director Oscar A. Flores, mientras acomodaba el cigarrillo en la boquilla Dunhill para encenderlo– una de dos, o a usted, por algo malo que hizo, lo mandan a acá castigado, o viene porque su país intuye que algo fuera de lo común va a suceder aquí en el país”. “Cuéntenos, ¿qué sabe usted que vaya a pasar?”).

Relato de otro lector amigo: “En una reunión de la APH, capítulo de San Pedro Sula, a comienzos de la década del noventa del siglo pasado: «Óscar era alegre y bromista y un gran lector». Inmediatamente me acordé de lo que decían de Antonio Machado, “que hablaba en verso y vivía en poesía”. La exmagistrada amiga: “Lindo recuerdo de una amistad. Leí también las sentidas condolencias que escribió Lizzy.

La amistad forjada desde los valores perdura en el tiempo a pesar de la distancia”. Un viejo amigo de los medios de comunicación: “En cierta oportunidad, avisó que venía a Tegucigalpa de visita. El embajador Ford planeaba hacerle un almuerzo. Cresencio, por medio de Ana María, pidió que mejor el almuerzo se hiciera en mi casa de El Hatillo. Luego, la última vez que lo vi fue cuando él vino y usted le hizo un almuerzo en su casa de Valle de Ángeles. Gratos recuerdos”.

Otro de los embajadores hispanos: “Presidente, usted siempre ha sido un magistral escritor. Este elogio es un ejemplo elevado de su pluma dorada”. “Refleja su profundo cariño y amistad al embajador Cresencio Arcos”. “Realmente lo describes como él era, un hombre complejo y multidimensional, y un brillante artista como hombre y diplomático”.

“Sí, no hay duda de su amor profundo por la querida Honduras”. “Guardaré este elogio en papel aquí en mi escritorio como un valioso tesoro y recuerdo de nuestro honorable amigo”. (El Sisimite: “Id, pues, y haced discípulos a todas las naciones” (Mateo 28:19). -Winston: (Parábola del sembrador): “Salió el sembrador a sembrar. Y al sembrar, parte cayó junto al camino […] parte en buena tierra y dio fruto”).

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