UN lector del colectivo pregunta a qué nos referimos por “moros en la costa”, en esta conversación de ayer alusiva a la diferencia entre lo falso en las redes y la credibilidad del periódico como faro de la verdad: (-Winston hojeando EL PAÍS, ¿la prensa convencional sería ese antídoto? Mejor dicho, un faro. Como el de Alejandría. El Sisimite contempló la neblina que comenzaba a disiparse entre los pinos. -Porque un faro no detiene la tormenta; no puede calmar el océano; no puede impedir que haya “moros en la costa”. Tampoco puede obligar a los barcos a seguir su señal. -¿Entonces qué hace? -Permanece encendido. Señala dónde están las rocas, el peligro; le ofrece al navegante una referencia, para que cada timonel decida qué rumbo tomar. Winston dobló finalmente el periódico y tomó su taza de café. -Es providencial. Muchos anunciaban que internet iba a volver innecesarios a los periódicos y terminó ocurriendo una paradoja. Que mientras más creció el ruido, más se volvió necesaria la verdad. -Entonces ¿una sociedad puede tener millones de teléfonos inteligentes y, sin embargo, estar cada vez peor informada? -Si los inteligentes son los teléfonos, los usuarios quién sabe si lo sean).
A lo que alude es al peligro. En este caso al peligro de atiborrar la mente de falsedades rociadas por mentirosos por las redes alimentando la ignorancia del enjambre. “La expresión «Moros en la costa» –ilustra la IA– se origina en la España de los siglos XVI y XVII, cuando los piratas berberiscos del norte de África atacaban constantemente los pueblos del Mediterráneo”. “Los vigías alertaban a la población con el grito de «¡hay moros en la costa!» para avisar de un peligro inminente”. “Los piratas berberiscos (o corsarios berberiscos) eran marineros y corsarios musulmanes que operaban desde la costa del norte de África, conocida en Europa como la «Costa Berberisca» (actual Marruecos, Argelia, Túnez y Libia)”. “No eran un grupo homogéneo, sino que incluían árabes, bereberes, turcos e incluso europeos renegados”. “Aunque la piratería en la zona existía desde la Edad Media, su poder creció enormemente en el siglo XVI, cuando puertos como Argel, Túnez y Trípoli quedaron bajo la soberanía del Imperio Otomano”. “Muchos de estos piratas actuaban como corsarios, con el permiso de las autoridades otomanas para atacar barcos enemigos a cambio de una parte del botín”. “No era solo el saqueo, sino capturar esclavos cristianos para venderlos en los mercados del norte de África. Entre 1530 y 1780, pudieron haber esclavizado a más de un millón de europeos”. “Aparte de atacar las costas de España, Italia y Francia, llegaron tan lejos como Irlanda, Islandia e incluso las costas de Estados Unidos”.
Una analogía –explica el Sisimite–. El ataque: Antes, los piratas llegaban desde el mar para saquear bienes materiales y esclavizar personas. Hoy, las «falsedades» (desinformación, bulos y “deepfakes”) llegan a través de algoritmos, vía los chunches tecnológicos, para saquear nuestra atención y esclavizar nuestro pensamiento crítico. “No roban oro, roban la capacidad de distinguir lo real de lo falso”. -Los barcos berberiscos –ilustra Winston– eran veloces, pero las redes son instantáneas; una mentira da la vuelta al mundo mientras la verdad aún se está poniendo los zapatos. Alimentan la ignorancia: “La sobreinformación maliciosa no educa, sino que atasca el debate público y crea tribus que se refuerzan en sus propias burbujas, haciendo que el «peligro» sea invisible para quien ya está dentro de ella”. El periódico –la prensa convencional– por su seriedad y credibilidad, que informan con la verdad, son el faro o la torre vigía. Los periódicos serios libran una lucha desigual porque la «piratería» digital (los bulos, el contenido mentiroso, odioso, denigrante) es más rentable para las plataformas, y muchos apáticos a la verdad dejan a las torres de vigilancia sin presupuesto para mantener sus faros encendidos. Si se aspira a no perder el disfrute íntegro, fiable, y veraz de vida, ¿no sería mucho esperar de los honestos la defensa contra lo falso (la piratería) y el apoyo a los que libramos la épica guerra a favor de la verdad?).


