EL Sisimite recostado sobre un pino, descendiente de Matusalén: -¿Y ahora qué otra historia querés escuchar? Winston meditando: -¿Qué te parecería un paralelo de la historia de David con la de Néstor y Ereutalión, ya que ambas permiten ver cómo Dios escribe la historia de la salvación con un ritmo muy distinto al de los hombres? -El ejército israelita temblaba, ya que veía a Goliat, como el gigante de 3 metros con armadura de bronce. Una amenaza medida con la vara de la lógica humana (tamaño, fuerza, experiencia). Pero el corazón de David funcionaba bajo inspiración distinta. David no veía a un gigante imbatible; veía a un «incircunciso» (alguien fuera del pacto divino) que se atrevía a desafiar al «Dios de los ejércitos de Israel». Y si bien David sentía certeza de su propia habilidad con la honda, su confianza era en la fidelidad de Dios: «Jehová, que me ha librado de las garras del león y del oso, me librará también de este filisteo».
“Dios valora su corazón de fe y convicción. Dios no busca guerreros perfectos, busca personas que, en su pequeñez, confíen plenamente en su grandeza”. Y efectivamente recordando los cantos homéricos de la Ilíada, “el anciano Néstor rememora su juventud”. “El gigante Ereutalión, armado con la armadura del rey Areítoo, aterrorizaba a los pilios”. “Era el más joven y frágil, y nadie se atrevía. Néstor se ofreció y, con la ayuda de la diosa Atenea, lo derribó de un lanzazo”. Pero, hay –corrige Winston– una diferencia del cielo a la tierra que separa la historia de la fe de la mitología: “Néstor busca su areté (excelencia y gloria personal)”. “Su hazaña es un orgullo para su linaje, una muestra de valentía humana asistida por los dioses caprichosos”. “David, en cambio, busca la gloria de Dios. No pelea por su prestigio, sino para que «toda la tierra sepa que hay Dios en Israel». -Sí tenés razón admite el Sisimite: Mientras la épica griega eleva al hombre, la épica bíblica humilla al gigante para exaltar a Dios. Dios no se impresiona por la fuerza de David, sino porque el corazón de David está entregado al propósito divino”. -Y acordate, señala Winston, tras vencer a Goliat, “Dios sigue impresionándose por ese corazón, pero ahora lo pone a prueba durante años de persecución”. “David es ungido, pero no sube al trono de inmediato. Pasa años huyendo de Saúl por cuevas y desiertos”. “David tiene la oportunidad de matar a Saúl en la cueva (1 Samuel 24) y en el campamento (1 Samuel 26)”. “Sus hombres le dicen: «¡Hoy te ha entregado Dios a tu enemigo!». Pero “el corazón de David responde con una nobleza que sorprende sin tocar al ungido de Jehová”. “No acelera los tiempos de Dios, como quienes quieren, sin lucha, sin merecimiento, sin obras, sin identidad con nada, que las cosas les caigan sin costo alguno del cielo– ni toma la justicia por su mano; escoge ser perseguido injustamente antes que pecar contra Dios”. Dios ve “un corazón que prefiere la santidad antes que la venganza y el poder fácil”.
Ahora, –interrumpe el Sisimite–¿qué hereda Jesús de todo esto? -No hereda un trono terrenal de piedra, ni la espada de David, sino el mismo «corazón profundo» de su antepasado, solo que matizado. Los evangelios (Mateo 21 y Juan 12): Jesús encuentra un «pollino atado» (con su jáquima). La profecía de Zacarías 9:9 dice: «He aquí tu rey viene a ti, montado en un asno, en un pollino hijo de asna». -¿Qué simboliza? “En el mundo antiguo, el caballo era símbolo de guerra (como los carros de Goliat o de faraón)”. “El burro un símbolo de paz, humildad y carga. Jesús toma las riendas de ese pollino para mostrar que su reino se guía por la mansedumbre”. “Es la antítesis del guerrero griego. Mientras Néstor y los héroes homéricos buscan la gloria en la sangre del enemigo, Jesús busca la gloria derramando su propia sangre por el enemigo”. “Dios le prometió a David un trono eterno. Jesús no llega a Jerusalén a reclamar ese trono con espada, llega montado en su burro tomado de la jáquima, porque el corazón profundo de Dios siempre ha sido la redención a través del servicio, no la conquista a través de la fuerza bruta”. (Antinomia a la farsa “yoísta” de políticos errabundos, culpando a otros de su fracaso y sus pecados). “A lo largo de la vida, Dios busca imágenes suyas que reflejen su carácter. David reflejó la fe en medio del gigante; Jesús reflejó la obediencia perfecta en medio de la cruz”.


