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miércoles, junio 3, 2026

¿Profecías?

Hablábamos ayer del efecto Pigmalión. Ello es de la profecía que se cumple influenciada por el convencimiento colectivo. Porque es lo que se espera, consecuencia de tanto repetir con suficiente convicción y se actúa como si ello fuese ya un hecho dado, hasta hacerlo creencia generalizada, que ese algo malo vaya a pasar. La expectativa hace que ocurra. No solo por el poder de la voluntad, sino porque las conductas se alinean con la profecía que se repite. Un cuento ilustrativo: “Imagínese usted un pueblo muy pequeño donde hay una señora que tiene un hijo de 19 años”. “Está sirviéndole el desayuno y tiene una expresión de preocupación”. Su hijo le pregunta qué le pasa y ella le responde: -“No sé, pero he amanecido con el presentimiento de que algo muy grave va a sucederle a este pueblo”. “El hijo se va a jugar al billar, y en el momento en que va a tirar una carambola fácil, el otro jugador le dice: -“Te apuesto un peso a que no la haces”. Él se ríe, pero falla en su tiro. Él dice que falló porque está preocupado porque su madre esa mañana le advirtió sobre algo grave que va a suceder al pueblo”. El que ganó el peso regresa a su casa, y le dice a su mamá: “Le gané este peso a fulano porque es un tonto”. “¿Y por qué es un tonto?, pregunta”. “Porque no pudo hacer una carambola sencillísima, al pensar que algo muy grave va a suceder en este pueblo”.

Y su madre le dice: “No te burles, los presentimientos a veces salen”. La señora va a comprar carne y le dice al carnicero: «Deme un kilo de carne», y en el momento que la está cortando, le dice: “Mejor córteme dos, porque andan diciendo que algo grave va a pasar». Después llega otra señora a comprar un kilo de carne, pero el carnicero le dice: “mejor lleve dos porque la gente anda diciendo que algo muy grave va a pasar, y se están preparando». “Y para no hacer el cuento largo, el carnicero en media hora agota la carne, mata a otra vaca, se vende toda y se va esparciendo el rumor”. “Llega el momento en que todos en el pueblo están esperando que pase algo”. Se paralizan las actividades y de pronto a las dos de la tarde alguien dice: “¿Se han dado cuenta del calor que está haciendo?”. Otro le responde: “¡Pero si en este pueblo siempre ha hecho calor!”. Otro le dice: “Sin embargo a esta hora nunca ha hecho tanto calor”. -“Pero a las dos de la tarde es cuando más calor hace”. -Sí, pero no tanto calor como hoy”. “En el pueblo todos están alertas, y la plaza desierta; baja de pronto un pajarito y se corre la voz: -Hay un pajarito en la plaza. Y viene todo mundo espantado a ver el pajarito. -Pero señores, dice uno, siempre ha habido pajaritos que bajan aquí. -Sí, pero nunca a esta hora”. “Llega un momento de tal tensión para todos los habitantes del pueblo, que todos están desesperados por irse y no tienen el valor de hacerlo”.

“Yo sí soy muy macho grita uno. Yo me voy”. “Agarra sus muebles, sus hijos, sus animales, los mete en una carreta y se va”. “Atraviesa la plaza central donde todo el pueblo lo ve”. “Hasta que todos dicen: -Si este se va nosotros también nos vamos”. “Y empiezan a desmantelar literalmente el pueblo. Se llevan las cosas, los animales, todo”. Uno de los últimos que abandona el pueblo, dice: «Que no venga la desgracia a caer sobre lo que queda de nuestra casa», y entonces la incendia y otros incendian también sus casas. “Huyen en un tremendo y verdadero pánico, como en un éxodo de guerra, y en medio de ellos va la señora del pálpito, le dice a su hijo que está a su lado: “¿Viste m’hijo, ya presentía, que algo muy grave iba a suceder en este pueblo?”. (Cabal –tercia el Sisimite– como ese negativismo regado por necios. Con el surtidor de la manguera rociando chorros de desconfianza al proceso electoral: “Ya tienen todo listo para burlar la voluntad popular”.

“Es una farsa este proceso, el fraude viene y nadie lo detiene”. “No importa lo que hagamos, lo van a montar”. “Ya todo está consumado, ni vale la pena ir a probar”. ¿Y no razonan que repetir y repetir que todo está amañado no desalienta al tramposo, sino al ciudadano que podría impedirlo? -Interviene Winston: ¿Y es que crees que los necios, los ingenuos, los tontos útiles, los ignorantes y los poquitos vayan a desistir de echar pestilentes baldes de desconfianza a la esperanza de la gente?).

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