¿CUÁNDO iremos a ver una manifestación que valga la pena de la “preocupada” comunidad internacional? Una vez estalla la crisis solo son carreritas, pero durante se está gestando, muy poco hacen para evitarla. Y una vez que revienta lo que sacan son comunicados de preocupación.
Dependiendo de la importancia del lugar donde el volcán hace erupción, o de la gravedad del desparpajo –incluso las altas lumbreras de los foros mundiales y hemisféricos– mandan al secretario a buscar del legajo de maquetas prefabricadas el papel para firmar.
-¿Cuál de todos quiere? –indaga el secretario– ¿el de “alguna preocupación”, “cierta preocupación!”, “inmensa preocupación”, “inusitada preocupación”, “inesperada preocupación”, “bastante preocupación”, o “ninguna preocupación”? Según el tamaño de lo acontecido. No frecuentamos las embajadas.
Así que no abrigamos esperanza alguna, si algún día detona uno en el patio doméstico, que vayamos a conseguir asilo. Quedamos a la mano de Dios. (Hace unos meses atrás, que estuvieron blandiendo la espada de Damocles, una consejera anduvo indagando, por si las moscas, dónde podía irse a meter, y no hubo puerta alguna que se le abriera. Las representaciones diplomáticas de las democracias, además de “preocupadas” son sumamente cautelosas, y la relación solidaria es muy de lejitos. No así las autocracias que más bien se disputan por darle refugio a los camaradas).
Así las cosas, es frecuente escuchar a los jefes de esas instituciones internacionales con reclamaciones más o menos de este tipo: “Exigimos elecciones limpias”. Alabado sea el Señor, ¿y eso en qué ayuda en boca de un ente internacional, si aquí en el país no van a encontrar uno tan solo que no diga que las quiere limpias, hasta los que las quisiesen sucias?
La “preocupación” del colectivo es ¿qué sería lo que estarían dispuestos a hacer para evitar ese montón de piedras que inconscientes le atraviesan en el camino al proceso electoral? (Por ejemplo. ¿Algún pronunciamiento de respaldo, siquiera, de la “preocupada comunidad internacional” a la misiva de la presidenta del CNE exponiendo los alcances del artículo constitucional que pone a las Fuerzas Armadas a disposición del CNE en materia electoral, obligándolas a cumplir sus órdenes e instrucciones? ¿O las maromas del poder contra opositores?).
Lo que sucede es que esas expresiones que aludimos de los comunicados cajoneros, sirven en teoría, para dejar constancia de la posición inodora e incolora de los actores internacionales. Gestos, arguyen, que “buscan preservar la neutralidad diplomática”. Sin embargo, “su eficacia práctica es mínima cuando la situación más que diplomacia: demanda acción, acompañamiento técnico o presión concertada sobre quienes obstruyen el proceso”.
Comunicados que no van acompañados de mecanismos disuasivos, son papel mojado. Sin signos de “a qué atenerse”, o mediaciones vinculantes o amenazas creíbles (por ejemplo, la pérdida de legitimidad internacional), aquí en el patio doméstico “no se oye Padre”.
Por eso, “esos pronunciamientos suelen convertirse en una especie de formalismo diplomático, una liturgia que se repite sin consecuencias”. Y ahora, en el proceso electoral, no salen de lo mismo. La “preocupada” comunidad internacional emite deseos genéricos (“elecciones libres, justas y transparentes”), pero “no acompañan activamente a las instituciones nacionales cuando estas enfrentan resistencias o desobediencia de otros poderes”.
Cuando no se emite una postura firme en respaldo de la autoridad electoral, “se deja en la indefensión institucional a quienes, por mandato constitucional, deben conducir el proceso”.
“Esa omisión debilita la credibilidad internacional del sistema electoral y alienta a los actores díscolos a mantener su actitud de desafío”.
(¿No crees –tercia el Sisimite– que ¿podrían asumir un papel más constructivo? -Insinuás –interpreta Winston– que en vez de estar exigiendo babosadas, como si fuese solo de agitar la varita mágica para que se arreglen los problemas, que bien podrían emitir criterios técnicos y jurídicos claros que respalden al ente electoral frente a interferencias? O ¿acompañar preventivamente los procesos en lugar de limitarse a reaccionar –después del trueno Jesús María –cuando estalla la crisis?)


