“ES un punto de vista muy agudo y oportuno – mensaje de un magistrado– la comparación entre la fragmentación extrema de Perú y la estabilidad que ofrece el bipartidismo”. “Me parece fundamental la claridad con la que expone que el debilitamiento de las instituciones políticas no es un juego de suma cero. Es imposible no contrastar su análisis con la trágica situación de Perú: un país sumergido en una «cacería» incesante de mandatarios, donde la precariedad institucional y la atomización de fuerzas han convertido la gobernabilidad en un caos permanente. Su editorial destaca puntos para mí fundamentales”: “La cohesión como activo: Mientras los detractores del bipartidismo en Honduras claman por su fin, su análisis nos recuerda que este sistema, con todas sus imperfecciones, ha dotado al país de una columna vertebral política que evita el canibalismo institucional que vemos en otras latitudes”. “Advertencia frente al caos: Su columna funciona como una advertencia para quienes buscan demoler las estructuras tradicionales sin tener un reemplazo sólido, arriesgándonos a una parálisis estatal donde nadie logra gobernar”. “Rigor democrático: Usted logra elevar el debate más allá de la pasión partidaria, enfocándose en la estabilidad del Estado como el fin último de la política. Gracias por aportar esta dosis de realismo político tan necesaria en nuestro país”.
Y otro ángulo de las crisis de inestabilidad. La tentación a la mitomanía en la política –relatos inflados, ficciones, alucinaciones o engaños sistemáticos– debiese ser lección aprendida. Una narrativa mentirosa de un ego inflamado y de los hechos ha dado desenlaces abruptos. La verdad, tarde o temprano, rompe el hechizo. Algunos casos notorios de figuras públicas cuya construcción de prestigio, descansó en relatos falseados, negaciones sistemáticas o ficciones políticas, hasta que la verdad histórica desmontó esas narrativas. Algunos ejemplos: Alberto Fujimori en el Perú. Gobernó como “redentor anticorrupción y reformador moral del Estado. Sin embargo, una red de sobornos sistemáticos que salieron a la luz pública en videos probatorios que escandalizaron, y la grave sistemática violación de derechos humanos provocaron su caída. (Su figura pasó de salvador a símbolo de corrupción autoritaria)”. Allí mismo Pedro Castillo llegó bajo el relato de maestro rural humilde, anti-élite incorruptible. Investigado por corrupción intentó disolver el Congreso. Fue destituido y detenido. En la bartolina justificó que fueron las malas influencias que lo empujaron a eso ya que no estaba consciente cuando leyó la proclama del autogolpe. Otto Pérez Molina en Guatemala, igual con su campaña de militar patriótico de mano dura enfrentando la anticorrupción. Sin embargo, los fiscales de la CICIG le cayeron encima con investigaciones de la red aduanera “La Línea”, de sobornos y defraudación, que desencadenaron su caída, con su renuncia y la prisión. (El “general moralizador” terminó como símbolo de corrupción estructural).
El comediante Jimmy Morales aprovechó la coyuntura y, de ser un político desconocido, alcanzó la presidencia con una campaña “anticorrupción”. Al inicio co-gobernaba con el temido fiscal de la CICIG –pidiéndole consejos y avales para los nombramientos– hasta que ese igual le cayó encima a sus familiares y luego a él. En sus últimos días deshizo la CICIG y fue a buscar blindaje al Parlamento Centroamericano. Efraín Ríos Montt de Guatemala construyó su mito de salvador del país frente al comunismo, gobernante providencial cristiano, en una guerra “limpia” contra insurgencia. Solo que investigaciones judiciales y comisiones de verdad documentaron masacres indígenas y políticas de tierra arrasada. (La épica militar fue confrontada por la memoria de víctimas). Antonio Saca en El Salvador llegó al poder como un empresario exitoso y gobernó como un modernizador estatal. Hasta que se revela un desvío de más de $300 millones y el uso personal de fondos públicos.
Fue capturado y condenado a prisión. Mauricio Funes ganó como periodista independiente, y gobernó como presidente anticorrupción. Investigaciones revelaron malversación millonaria y enriquecimiento ilícito. Tiene condenas judiciales en ausencia y vive asilado en Nicaragua. Y ya que estamos en ese país, el caso de la mitomanía ideológica del comandante sandinista. Como revolucionario libertador con la caída del somocismo. Pero la concentración y perpetuación en el poder de manera ilícita y antidemocrática, persiguiendo e inhabilitando opositores, la represión sobre las protestas, traicionando los ideales originales sandinistas, ha cobrado la factura. Para antiguos aliados revolucionarios, su figura pasó de libertadora a autoritaria. Manuel Noriega de Panamá, construyó su relato como patriota defensor de la soberanía y de hombre fuerte nacionalista. Los vínculos con el narcotráfico y su papel de doble agente con los imperios, desencadena la invasión norteamericana y encarcelamiento tras su captura. (¿Qué se te ocurre decir –tercia el Sisimite– del adagio: “por muy rápido que corra la mentira, la verdad la alcanza? -Que “la mentira –ironiza Winston– tiene patas largas para escapar mientras la verdad no tiene prisa para esperar”).


