16.4 C
Honduras
martes, julio 21, 2026

¿La memoria?

AQUELLA mañana la neblina había penetrado hasta las raíces de los pinos. El bosque parecía suspendido fuera del tiempo. No había allí notificaciones ni urgencias. Los árboles llevaban siglos creciendo con la paciencia de la naturaleza que sabe que las cosas verdaderas no necesitan apresurarse. Winston con EL PAIS abierto entre las patitas y una taza de café que dejaba escapar un hilo delgado de vapor. El Sisimite apareció entre la bruma. -¿Y sabes cuál es la gran contradicción de esta era digital? Nunca habíamos recibido tanta información que cae en el olvido tan rápidamente. Todo aparece y al instante, todo desaparece. Una noticia empuja a la otra; una indignación reemplaza a la anterior; el escándalo de esta mañana sepulta al de anoche. Lo que hoy parece estremecer al mundo, mañana lo entierra el último estremecimiento. El Sisimite tomó una hoja seca y la dejó caer. -La red se parece a esta hoja. El viento se la llevó. -Viaja rápido, pero nadie sabe dónde termina. Winston miró el periódico. -¿Y esto? El Sisimite acarició las páginas. -Esto es diferente. -¿Por el papel? -No. El papel también desaparece. -Hablo de la voluntad de dejar constancia, ya que estás leyendo El Infinito en un Junco.

Desde que los seres humanos aprendieron a escribir, descubrieron algo extraordinario: podían discutir con el olvido. Las palabras habladas desaparecían con el viento. Las historias dependían de la memoria de quienes las habían escuchado. Pero un día apareció algo grabado sobre una piedra, después sobre una tablilla, luego sobre un papiro, un pergamino, un libro… -Y la memoria pudo sobrevivir a quien recordaba. El Sisimite tomó el periódico. -El periodismo pertenece a esa misma aventura humana. Cada edición dice algo muy sencillo: esto ocurrió hoy. Pasó lentamente una página. -Aquí queda registrado quién gobernaba, quién protestaba, quién prometía, quién mentía, quién ganó, quién perdió. Las tragedias y las celebraciones. Las guerras y las elecciones. Las grandes decisiones y las pequeñas historias. -La vida de un país. -La memoria cotidiana de un país. Y los ejemplares de un periódico se empastan y quedan para la posteridad.

Pero internet también guarda todo. -Guarda muchísimo, pero guardar información no es necesariamente construir memoria. -¿Cuál es la diferencia? -La memoria necesita orden, contexto, responsabilidad. Alguien que diga: esto ocurrió así, estas fueron las fuentes, estas eran las circunstancias. Señaló el teléfono portátil. -Ahí hay un océano. Luego señaló el periódico. -Aquí hay una bitácora.

Dentro de cien años, cuando alguien quiera saber qué ocurrió en nuestro tiempo, ¿qué buscará? -Supongo que documentos, archivos, fotografías, cartas, libros, periódicos. -¿Y las redes? -También. Pero tendrá que atravesar un inmenso cementerio de rumores, cuentas desaparecidas, videos manipulados, insultos, mensajes anónimos y millones de fragmentos sin contexto. -Entonces el periódico cuenta el presente y también escribe para el futuro. Escribe para el lector de esta mañana, pero también está dejando una carta para alguien que todavía no ha nacido. -Algún día –interrumpió el Sisimite– alguien abrirá una vieja edición amarillenta y preguntará: “¿Qué ocurrió aquel día?”. Y el periódico responderá. -Por eso una prensa seria no es únicamente una empresa que vende noticias, es una institución de la memoria. – ¿Y por eso importa que diga la verdad? -Una mentira publicada hoy no engaña solamente al presente, defrauda también al futuro. -El periodismo tiene una responsabilidad con quienes viven y con los que vienen. – ¿Entonces la prensa tiene que competir contra algo gigantesco? -La verdad siempre ha competido en desventaja, porque la mentira puede inventar el camino más corto. La verdad tiene que recorrer el camino verdadero. -Esto, la pantalla, es el río de nuestro tiempo. – ¿Las redes? -La fugacidad. Winston levantó el periódico. – ¿Y esto? -La resistencia contra el olvido. -Porque una civilización no se construye solamente con aquello que recuerda, también se define por la manera en que decide recordar. Y el periódico es la memoria de lo que fue, el testimonio de lo que ocurrió, y la humilde esperanza de que, cuando la mentira haya terminado de engañar, alguien conserve todavía las huellas por donde caminó la verdad.

Más Noticias de El País