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miércoles, junio 3, 2026

Padre bodeguero, hijo caballero, nieto pordiosero

A todos nos vendría bien, recibir una buena herencia. De hecho, se ha creado mucha fantasía alrededor de ello, con historias de tíos millonarios, que luego heredan a sus sobrinos al no haber tenido hijos, o las telenovelas donde resulta que los padres de la sirvienta, son millonarios y después los papeles de la noche a la mañana cambian.

La realidad es otra y no hablo de pleitos familiares por herencias, que tristemente esa si es una realidad, sino del poco pensamiento que tenemos de lo que es legado. Suele pasar que la riqueza generada por una generación, a la larga suele diluirse por la segunda o tercera y ese es un fenómeno del cual nuestro país no escapa.

Y no es algo solo cultural, hay muchos estudios de economía, psicología y neurociencia que respalda lo que mencionamos. Hasta un 70% de las familias pierden su patrimonio en la segunda generación y el 90% en la tercera. (Williams Group Consultancy, 2016) Una primera generación que con esfuerzo encuentra un nicho, se esfuerza y logra crear patrimonio, en donde supo lo que costó hacerlo.

La segunda generación, observa aunque con una menor conexión emocional del origen. Hay que entender que las motivaciones cambiaron y que posiblemente, las necesidades que motivaron a la primera generación, ya han sido suplidas en la segunda.

La tercera generación, esa es otra historia. Nace en abundancia, y no tiene recuerdo alguno de los tiempos de escasez. No recuerdan a sus padres haciendo enormes sacrificios y dan por sentado que simplemente, así es como son ellos.

Esto hace que no tengan urgencia de prepararse para multiplicar lo recibido o bien, para poder navegar en tiempos de escasez o crisis. Otro dato curios es el desinterés de las siguientes generaciones por continuar el negocio del legado, a vista y aplauso de sus padres, pues consideran que se les debe dar las oportunidades que quizás ellos no tuvieron, dejando fuera el conocimiento de poder seguir llevando adelante la empresa que les dio su bienestar.

Muchos se especializan en ramas de rubros que no tiene nada que ver con la empresa familiar. ¿Se puede evitar este destino? La respuesta es sí, aunque no es fácil. Y hay familias que logran que sus patrimonios trasciendan generaciones.

La clave de ello es los valores que rigen mi familia. Hay quienes desde pequeños les inculcan servicio, esfuerzo, responsabilidad y generosidad. Sabiendo que nada de lo que tenemos llega de la nada y que siempre debemos ser aprendices. Lo siguiente es involucrar a la familia en los negocios, pero de una manera en que ellos encuentren su identidad.

Y por último, debemos inculcar una visión de legado. Tuve la oportunidad de ser parte de la celebración de medio sigo de una de las empresas más importantes del país. Con mucha categoría celebraban “Los primeros cincuenta años” y más que una frase publicitaria, me encantó lo que el padre fundador mencionó en sus palabras.

A mí ya me tocó este período. Y hemos llegado hasta este punto con éxito. ¡Ahora les toca a ellos, los siguientes cincuenta años! Vaya visión de legado. ¡Vaya compromiso público que asumen! Y creo que eso es un gran ejemplo de como se debe pasar la estafeta.

En estos tiempos donde todo lo queremos ya, de inmediato, debemos saber que hay cosas que se cuecen a fuego lento. El legado es uno de ello. Sea grande o pequeño su negocio, ¡Transmita ese legado! Para muchas generaciones, así verá como su familia, paso a paso mejora y prospera con el caminar de cada generación.

Enrique Zaldivar
Enrique Zaldivar
2050 Comunicaciones
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