Por Mirna Isabel Rivera
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Vivimos en un mundo de contradicciones, en una especie de oxímoron social. En los medios de comunicación nacional se difunden noticias donde los parlamentarios hondureños defienden la niñez, pero algunos de ellos están demandados por alimentos o por violencia doméstica.
Escuchamos que la corrupción es uno de los principales azotes de Honduras, pero algunos ciudadanos con cierto grado de estudio lo minimizan, normalizan y la defiende con el argumento que en todas partes del mundo ocurre, pero eso sí, en una empresa del sector privado, ningún emprendedor o propietario, quiere tener gente ladrona, tienen unos grandes controles de inventarios, revisan la contabilidad con muchas auditorias.
De modo, que temas como la corrupción se espera que ocurra como algo normal en el sector público, porque al final de cuentas según algunos razonan, lo público no es de nadie.
Una gran falacia, que la podemos comprobar cuando enfermamos y si necesitamos una cirugía en un centro público hay que esperar, hasta un año o más, durante esta larga espera, los pacientes empeoran y otros fallecen.
La mitad de la población no puede pagar una cirugía o un tratamiento de quimio terapia, ni para comer bien alcanza un salario mínimo. Un empleado con un salario superior al promedio, suele estar cargado de deudas y compromisos: Pagan casa propia o alquilan, colegiaturas de sus hijos e hijas en institutos privados y acuden al sistema de salud privada.
De modo, que solo con un seguro médico privado se puede tener opción a trato más o menos digno, aunque hay un tope o un monto, que cuando se llega, igual el afectado deberá recurrir al seguro social o al sistema público.
Por otra parte, el Instituto Hondureño de Seguridad Social, es un botín histórico de los políticos. Para conseguir una cita de manera oportuna debe tener “contacto”, “enchufe”, si no se repite la misma historia de los hospitales públicos.
Con la diferencia, que el IHHS es una paradoja más perversa, porque, aunque el patrono paga y el derechohabiente también, encontrar un espacio para que lo traten es súper complicado.
Las jubilaciones son bajas (no representan ni un salario mínimo), si un derechohabiente no ahorró para su vejez en un fondo privado o invirtió en algún negocio, pasará muchas penumbras. Los únicos que están bien en esta institución, son los que ahí trabajan (o aparecen en las planillas), el resto es una historia que ya conocemos.
Pero como todo se normaliza en los países altamente corruptos como el nuestro, les muestro una estadística, aunque si usted vive aquí, ya lo sabe de primera mano y sabe que no estoy faltando a la verdad. Bueno, para lo que quieren datos, según Transparencia Internacional (2024), Honduras está ubicada en la posición 154 de 180 países en temas de corrupción.
Entre más corrupto un país más pobre. Veamos más datos, según el Banco Mundial, en 2024, alrededor del 49,3% de la población vivía con menos de US$ 6.85 diarios (paridad de poder de compra). Si alguien quiere debatir cifras, adelante.
Desafortunadamente, no se puede borrar la miseria que subyuga a la gran mayoría. Quizás Víctor Hugo, podría escribir una nueva versión de “Los Miserables” inspirada en la realidad nacional hondureña, tendría que agregar elementos como crimen organizado, narcotráfico, migración y ser muy creativo para proponer una salida, porque aquí no hay revoluciones, tampoco una nueva república, solo un enorme muro construido con corrupción. Si hay gente que se lucró y se lucrará de este sistema inicuo.
También hay aspirante a ser relevos, esperan que salga un gobierno, para hacer de las suyas.



