El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a generar polémica tras sugerir que, pese a las críticas, “quizás a los estadounidenses les gustaría tener un dictador”.
Sus declaraciones se dieron en medio de cuestionamientos por las medidas de mano dura que impulsó durante su administración, incluidas órdenes ejecutivas que reforzaron la presencia federal en Washington y penalizaron actos como la quema de la bandera.
“Dicen: ‘No lo necesitamos a él. Libertad, libertad. Es un dictador. Es un dictador’. (Pero) mucha gente dice: ‘Quizás nos guste un dictador’”, afirmó Trump frente a reporteros.
Posteriormente, matizó sus palabras asegurando: “No me gustan los dictadores. No soy un dictador. Soy un hombre con gran sentido común y una persona inteligente”.
Las declaraciones recuerdan la promesa que hizo antes de su segundo mandato, cuando anticipó que sería un “dictador desde el día uno”, en referencia a imponer de inmediato medidas migratorias más severas y recortes regulatorios.
Aunque después intentó relativizarlo como una “broma”, sus opositores lo utilizan como argumento para señalar sus tendencias autoritarias.
Durante su presidencia, Trump fue criticado por el uso frecuente de decretos ejecutivos, el despliegue de la Guardia Nacional en protestas y su retórica contra inmigrantes y medios de comunicación.
Para sus seguidores, sin embargo, estas medidas representan firmeza y liderazgo frente a la delincuencia, la inseguridad fronteriza y lo que denominan “debilidad del sistema político tradicional”.
Las reacciones a sus nuevas declaraciones no se hicieron esperar. Voceros demócratas insistieron en que el expresidente “normaliza el autoritarismo” al sugerir que un dictador podría ser aceptable en EE. UU.
Por su parte, aliados republicanos minimizaron la polémica y lo defendieron como alguien “que habla sin filtros” y que busca “restaurar el orden”.
Trump, quien se proyecta como favorito en las primarias republicanas, ha mantenido un discurso desafiante contra las instituciones y asegura que, de volver a la Casa Blanca, aplicará políticas “sin concesiones” en materia de seguridad, inmigración y control de protestas.


