CONSULTAMOS a la IA, desde que salió el libro — “Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus” en 1992– ¿qué ha cambiado en la comunicación?: “El mundo social y comunicativo ha cambiado de forma radical, y eso también ha transformado la manera en que interactuamos.
Muchas de las observaciones de Gray siguen teniendo un fondo válido (diferencias de estilo, expectativas, malentendidos), pero el contexto actual ha modificado las formas en que se expresan: La irrupción de lo digital: Antes la comunicación era cara a cara, por teléfono o en cartas, donde el tono de voz, la mirada y el lenguaje corporal eran fundamentales.
Hoy WhatsApp, redes sociales y mensajes cortos han reemplazado gran parte de la interacción. Eso reduce el espacio para leer gestos y aumenta la posibilidad de malinterpretar. Cambio clave: el “silencio” ya no es irse a la “cueva” (como decía Gray), sino dejar en visto o no contestar”.
“El lenguaje emocional se transformó en emojis y stickers: Mujeres (Venus), que solían buscar detalles y palabras, ahora esperan (y usan) emoticonos, gifs y signos como confirmación afectiva. Hombres (Marte), que eran más parcos, encuentran en los emojis una forma breve de suplir lo que antes no decían en palabras.
Resultado: el “afecto” diario puede ser reemplazado por un símbolo de corazón, pero la expectativa emocional sigue ahí”. “De lo privado a lo público: Antes, las discusiones de pareja eran íntimas. Hoy, muchas veces se ventilan en redes sociales, de forma indirecta (publicaciones con frases, “indirectas” o “likes” sospechosos).
Esto cambia el terreno: el “conflicto” ya no es solo personal, sino que se convierte en espectáculo social”. “Nuevas dinámicas de poder: Gray hablaba de hombres proveedores y mujeres cuidadoras. Hoy, con más mujeres en el trabajo y más hombres implicados en el hogar, esas fronteras se difuminan. Cambio clave: la negociación de tareas y expectativas es más explícita: se conversa sobre quién cuida, quién paga, quién limpia”.
“La inmediatez y la ansiedad digital: Antes, si alguien no contestaba una llamada, se asumía que estaba ocupado. Hoy, si alguien no responde a un mensaje que ya leyó (con doble check azul), puede interpretarse como desinterés o enfado”.
(O a los que se les manda lectura instructiva por la mañana –comenta Winston– que solo la ven, pero no la leen, es porque entramos a la era de los “analfabestias” del siglo XXI que aun sabiendo leer y escribir, nada leen y nada de ver escriben).
La inmediatez tecnológica ha intensificado la ansiedad relacional. “Lenguaje inclusivo y sensibilidad nueva: En los noventa, el discurso de Gray asumía roles muy binarios. Hoy, la comunicación también se adapta a la diversidad: género, orientación sexual y formas no tradicionales de pareja.
Esto hace que “Marte y Venus” ya no basten: ahora hay múltiples planetas y estilos comunicativos. La importancia de la autenticidad: En tiempos de redes, donde la imagen puede ser fabricada, se valora más la comunicación auténtica y directa.
A diferencia de 1992, hoy se cuestiona más la manipulación, el ocultar emociones o reprimirlas”. (Y otra cosa –tercia el Sisimite– sería, lo que antes forjaba paciencia, carácter firme y vínculos sólidos, hoy se ha diluido en una comunicación rápida, ligera e impersonal.
-Y el resultado –advierte Winston– es personalidades más ansiosas y necesitadas de validación inmediata; carácteres menos resilientes y más impulsivos; vínculos más frágiles, menos dedicados y más desechables; sociedades más ruidosas, menos reflexivas y con menor capacidad de cohesión.
En metáfora: Antes la comunicación era como tallar piedra –lento, pero duradero–; hoy es como pasar el dedo, escribiendo babosadas, en la arena húmeda de la playa, visible de inmediato pero borrado por la siguiente ola digital).


