Hablar de los valores personales puede ser toda una caja de pandora hoy en día. Los que aprendimos de casa, que los principios no son negociables y que son verdades eternas, podemos ser señalados de “Cuadrados” o que no tenemos un pensamiento abierto a los cambios. En las ventas, una de las banderas rojas que señalamos, es jamás mentirle al cliente. Lo mismo pasa en la publicidad.
Se puede “Exagerar” en la narrativa, pero no se debe mentir en el producto. De hecho, por eso se han creado organismos como la fiscalía de protección al consumidor, para que todas esas cosas publicitarias, sean auditadas y evaluadas como veraz. Cuando estamos presentando testimonio en una corte, vemos en las series o películas que ponen mano sobre una biblia, representando algo sagrado, por lo cual jurar.
Los mismos mandamientos mosaicos hablan de “No mentir” y odiamos a la gente mentirosa, pero la pregunta que propongo es al revés ¿Por qué nos cuesta sostener la verdad? La primera distorsión viene por la cultura del querer quedar bien.
Procuramos sencillamente no complicarnos y decir lo que el otro quiere escuchar (Sí, los estoy viendo candidatos a puestos de elección) La honestidad, muchas veces no nos gusta, ni escucharla, ni decirla. Y esto en el mundo real es casi imposible.
Tenemos miedo a que nuestra verdad pueda generar conflicto, o recibamos un castigo por no decir lo que todo mundo piensa. Esto ha creado la cultura de “Sálvese quien pueda, aun mintiendo” Si no me cree, busque las excusas de “Sacaron de contexto lo que dije” y ahora que hay inteligencia artificial hasta eso sirve de excusa.
Otra situación cultural es la desconfianza a las instituciones. Es decir, hemos vuelto la verdad a conveniencia. Y si nos demandan, o nos acusan de falsos, desconfiamos de las leyes para que protejan o sostengan nuestra verdad. Me encanta la postura del Dr. Stephen Covey, que a las verdades les llama “Principios Universales”, ya que sostiene que, los crea o no, los valore o no, siempre se cumplen. Verídico.
Algunos de ellos son “Siembras lo que cosechas” o bien la regla de oro “Trata a los demás como te gusta ser tratado” o que en toda negociación siempre debe haber un “Ganar – ganar” para que las negociaciones circulen de manera permanente. Sostener una verdad hoy en día, requiere mucha valentía emocional, humildad y madurez hacia el entorno.
El problema de todo esto es la incoherencia, que luego genera una enorme desconfianza. ¡Y así vivimos! Desconfiados, de todo y de todos. Evitándose todo ese camino es que vemos como ahora hay tanta gente que no lo piensa dos veces para mentir.
Que vive dos, o tres vidas simultáneas (Sin contar la que aparentan en redes sociales) pero esto a la larga quita la paz, roba la sonrisa y tarde o temprano la incoherencia bota la puerta, para que salga corriendo la confianza y no vuelva nunca más.
Por eso el mayor valor de los negocios es la reputación, construida a lo largo de los años, siendo congruente con lo que dice y hace. Esa reputación lo salva muchas veces a uno de la crisis. Y pasa igual con las marcas y las empresas. Si construye una buena reputación, podrá sortear cualquier adversidad.
Y una vez una marca o empresa es manchada por la mentira, cuesta muchísimo levantar su reputación. Decir la verdad es un desafío personal. Es una victoria interna. ¡Confieso lo mucho que me cuesta y lo mucho que lo intento! Pero es mejor, ya que eso le crea una reputación.



