AHORA, –Winston asistido de textos teológicos– ¿qué hay sobre el Padre Nuestro? “Aunque el texto bíblico del Padre Nuestro es el mismo, la oración que recitamos hoy ha sido objeto de debate y modificaciones a lo largo de los siglos”. “Estos cambios se dieron en parte a la adición de un final solemne y la evolución de las traducciones para clarificar su significado teológico”. ¿Cuál es el origen de la «doxología» final?: «Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria por siempre». “Los evangelios de Mateo y Lucas no la incluyen. Esta adición litúrgica fue un acto de alabanza que fue añadida a finales del siglo I o principios del II, cuando los primeros cristianos concluían los salmos con estas alabanzas”. “La versión final se asentó en las traducciones protestantes a partir del siglo XVI”. ¿Y por qué se añadió? “Era una práctica judía de la época concluir las oraciones solemnes con una alabanza a Dios (una «doxología»)”. “Se popularizó tanto que muchas copias del Evangelio la incorporaron al texto sagrado”. “La Iglesia católica la recuperó en la misa tras el Concilio Vaticano II, pero la separa del resto de la oración para aclarar que es una aclamación añadida. Las iglesias protestantes, ortodoxas y anglicanas la incluyen al final como parte integral de la oración”.
Otro gran cambio se centra en la petición: «… no nos dejes caer en la tentación» (o su versión literal «no nos induzcas a la tentación»). “La versión literal surgió de traducciones antiguas del griego y del latín. Sin embargo, al entender hoy «tentación» como incitación al pecado, surgió una controversia teológica que llevó a los cambios recientes”. “Para evitarlo, el Papa Francisco aprobó en 2019 para la Iglesia en Italia el cambio de “no nos induzcas a la tentación” a “no nos abandones a la tentación”, reflejando que Dios permite la prueba, pero no causa el mal”. “Muchas lenguas han adoptado ya versiones que transmiten esta idea con más claridad. La versión en español ya lo hace al rezar “no nos dejes caer en la tentación” razón por la cual el Papa Francisco señaló que no era necesario cambiarlo”.
Otro cambio: En los Evangelios, encontramos dos versiones: Mateo 6:12 dice literalmente: «Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores» (en griego: opheilemata y opheiletais)”. “Lucas 11:4 dice: «Perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe» (usa hamartias y opheilonti)”. “La tradición litúrgica occidental (latina) tomó de Mateo la palabra debita (deudas) y debitoribus (deudores). Por eso, durante siglos, la Iglesia católica rezó en latín: Dimitte nobis debita nostra, sicut et nos dimittimus debitoribus nostris”. “El cambio del español fue después del Concilio Vaticano II (1962-1965). En 1969, se publicó una nueva traducción oficial de la misa y las oraciones en español. Ahí, la versión aprobada para toda la Iglesia de habla hispana pasó a ser: “Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. “Esto entró en vigor con el Misal Romano de 1975 (y luego el del 2002). Desde entonces, esa es la forma oficial en la liturgia católica hispana”.
(Y sabés –inquiere el Sisimite– ¿por qué se cambió de “deudas/deudores” a «ofensas»? “Para evitar una interpretación demasiado material o comercial”. “En el lenguaje cotidiano, “deuda» y «deudor” suenan a dinero, préstamos, intereses”. “Jesús usó una metáfora (la deuda moral/pecado), pero en español moderno la palabra “deuda” perdió ese matiz espiritual tan claro”. Y para unificar criterios con otras lenguas romances. Por ejemplo, el italiano dice «offese» (ofensas), el francés «offenses». “Se buscaba una traducción común que reflejara mejor el concepto de pecado o falta contra Dios y el prójimo” “Aunque Mateo escribió “deudas”, la mayoría de las traducciones pastorales de la Biblia (como la Biblia de Jerusalén o la Nueva Biblia Española) ya usaban “ofensas” o “pecados” para ese versículo”. “Muchos Padres de la Iglesia (como San Cipriano) interpretaron “deudas” como sinónimo de “pecados”. El cambio no inventa nada nuevo, sino que recupera una interpretación muy antigua. -Te escucho –ironiza Winston– sí, pero no; yo me quedo con “perdónanos las deudas” de Mateo, que es lo que quiero que me condonen, no las ofensas).


