17.5 C
Honduras
lunes, julio 20, 2026

No todo lo hacen mal

Por Irazema Ramos

Un modelo adulto nutritivito puede acompañar a nuestros jóvenes sabiendo que: 1. Debemos aprender a escuchar con empatía, sin minimizar lo que el adolescente siente. 2. El modelo adulto, explica los deberes, lo limites, las normas en un espacio de dialogo, negociación y aplicación coherente.

3. El modelo adulto debe poner atención a lo que los jóvenes hacen bien, no solo a los errores, se debe enfocar en fortalecer la autoestima y que el valor de ellos, va más allá de ser atractivos, exitosos, competentes etc.

4. El modelo adulto debe permitir que los adolescentes puedan hablar de lo que sienten, equivocarse, reír o llorar sin temor al ridículo. 5. Los adultos significativos en la vida del adolescente, debe actuar como referente de contención, no de imposición. Su papel no es “controlar”, sino acompañar el crecimiento de ellos.

El sentirse querido y aceptado tiene un efecto profundo en la estructura psicológica del adolescente, favorece la regulación afectiva, aprenden a manejar la frustración y la ansiedad porque saben que no están solos, mejoran su capacidad de concentración y aprendizaje, ya que el cerebro emocional se calma al percibir seguridad, se potencia en ellos la empatía, la cooperación y la confianza en los demás.

La pertenencia es una necesidad básica del ser humano, tan importante como la comida o el descanso, es por ello que nosotros debemos nutrirlos con un vínculo afectivo sólido, para ayudarles a formar una identidad más estable.

Los modelos de adultos significativos para un adolescente, pueden ser padres, profesores, tíos, abuelos, líderes juveniles, dirigentes técnicos, organizaciones, padres de algún amigo, personas dignas de cierta confianza, que nos ayuden a equilibrar la exigencia con la ternura, por ellos necesitan saber que pueden equivocarse sin perder el afecto de los adultos.

Crear espacios sanos para adolescentes requiere una red que fomente grupos de diálogo, espacios de diversión, aventura, juegos, música, donde puedan experimentar un logro personal sin competir constantemente.

El objetivo de este articulo no es construir ambientes flexibles y permisivos para esta generación mal llamada “de cristal”, sino lugares suficientemente nutritivos, donde cada adolescente se sienta visto, escuchado y valorado, no solo necesitan reglas y límites, necesitan cariño, confianza y validación.

En una sociedad que a menudo los presiona por rendir o comportarse “correctamente”, los espacios sanos se convierten en refugios donde pueden respirar, explorar su identidad y construir autoestima.

Donde un joven se siente querido y aceptado, hay una semilla de esperanza, porque un adolescente que experimenta amor incondicional, tarde o temprano, aprenderá también a amar y cuidar a los demás.

Y en ese ciclo de cuidado mutuo, todos ganamos, familias más cercanas, comunidades más empáticas y una sociedad que valora la salud emocional tanto como el éxito cuantificable y visible.

Si tienes algo por compartir con nosotros escríbenos a [email protected] o búscanos en Facebook, Irazema Ramos- Psicología.

- Publicidad -spot_img

Más en Opinión: