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martes, febrero 27, 2024

Los vaivenes de la izquierda y la derecha en Centroamérica

La reciente elección presidencial en Argentina de un ultraderechista con veleidades (caprichos, antojos, ligerezas) mesiánicas, y la igualmente novel toma de posesión en Ecuador de un muchacho (35) -hijo de un multimillonario y frustrado mandatario tras intentarlo cinco veces- podrían generar dudas sobre el futuro que le depara a la izquierda en la región.

Esos hechos, no obstante, a la derecha tampoco debe producir certezas, pues visto está que los cambios de timón en la conducción del barco del Estado con mayor frecuencia responden a las expectativas de la gente, cada vez más frustrada por los fracasos de ambos rivales ideológicos que, en la mayoría de los casos resultan ser un fiasco, igualmente inútiles y emparentados con la corrupción.

Aquí cerca lo evidencian los expresidentes de El Salvador, por Arena (derecha) y del Frente Farabundo Martí, (izquierda), ambos acusados por corrupción y refugiados en Nicaragua.

En esa nación el remedio resultó peor que la enfermedad y los izquierdistas Daniel Ortega y su mujer, Rosario, con creces superan las tropelías y el saqueo que por 40 años hiciera la conservadora dinastía de Anastasio Somoza García, antecesores de la pareja dictadora.

En ese mismo país vecino, hondureños de izquierda se refugiaron antes alegando persecución política por acusaciones de supuesta corrupción y hace casi dos años ministros cabecillas del último gobierno de ultraderecha en Honduras se guarecen con la protección comprada al dúo de comandantes sandinistas ante los seguros requerimientos fiscales y la postergada persecución penal por la evidente corrupción y tan descomunal saqueo al Estado en el que se involucraron y con el cual se enriquecieron.

En Honduras, por ese latrocinio, corrupción y la gobernanza desde estructuras ligadas con el narcotráfico, es que de manera masiva y de forma inédita (nunca había pasado), la gente escogió a un partido de izquierda y a su candidata para corregir el entuerto nacionalista y enderezar lo torcido de su gobierno. Aún se espera que ocurran los milagros prometidos.

En tanto, Guatemala podría volverse “Guatepeor” si se concretan las acciones del presidente conservador Alejandro Giammattei, través de la Fiscal General para impedir que asuma el poder su sustituto, el progresista Bernardo Arévalo de León, hijo del considerado primer presidente democráticamente electo y revolucionario Juan José Arévalo (1945-1951) a quien lo sucedió el izquierdista Jacobo Árbenz, derrocado por un golpe de militares anticomunistas apoyados por la CIA y las transnacionales bananeras.

En El Salvador, un híbrido de la diestra y la siniestra ideológica, “outsider” (postulado en política fuera de los partidos tradicionales) y ahora convertido en divo del populismo, olvidó lo que cuestionó a otros gobernantes foráneos y emulándolos se “pasó la ley por el arco del triunfo” y se esmera en reelegirse en la Presidencia.

Costa Rica por poco se hace “costa pobre” tras el gobierno de Carlos Alvarado que dejó el cargo en un remolino de impopularidad, conflictos y desempleo y fue sucedido por el socialdemócrata populista Rodrigo Chávez que le ganó al conservador neoliberal y expresidente, José María Figueres (salpicado por denuncias de corrupción al igual que sus antecesores conservadores), e hijo del caudillo liberacionista José María Figueres Ferrer, tres veces presidente costarricense y quien abolió el ejército.

Zarandeados en el océano de la ideología y la demagogia y mientras los líderes de cada bando político tratan de recomponerse, su dilema se parece al de sus rivales o contradictores políticos a quienes durante mucho tiempo lucharon por desbancar y por ahora son los principales beneficiarios de las desilusiones económicas y sociales de la región y además son los que logran engatusar al elector para que los elijan como sus redentores.

En Centroamérica los resultados en los procesos comiciales han mostrado que los votantes están dispuestos a rechazar lo que les ofrecen las instituciones políticas y hartos desafían el statu quo por la cooptación de las instituciones del Estado por élites políticas corruptas y criminales que han asaltado las instituciones del Estado.

Por esa causa, los centroamericanos han visto un deterioro y atraso en el desarrollo, especialmente en lo que se refiere a salud, educación, infraestructura e inclusive se ha acrecentado la pobreza.

Sin importar “de qué color es el gato, siempre que cace ratones”, como decía el presidente chino Deng Xiaoping, apartando las ideologías y los partidos políticos que las representan, hace falta un compromiso genuino, individual y colectivo para la transformación del país y eso empieza por eliminar la corrupción, obstáculo fundamental para el desarrollo.

Recordando a su padre, el presidente electo de Guatemala, refiere que la mayor lección que le proveyó Juan José Arévalo es que: “La política, si no se ejerce desde una base ética se convierte en un negocio de mercaderes y que la democracia requiere que se recupere la dimensión ética de la función pública y del ejercicio de la política”.

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