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jueves, mayo 30, 2024

LOS OVNIS: UN MISTERIO RESUELTO

Todo empezó el 24 de junio de 1947, un piloto de nombre Kenneth A. Arnold -norteamericano- reportó haber visto algo en el cielo que no pudo identificar, lo describió como un objeto redondo, parecido a un plato.

La imaginación popular se desató y la gente empezó a ver “platillos voladores” por todas partes, no sólo en los pleitos domésticos de algunas parejas en la cocina de sus casas.

Posteriormente, el 2 de julio de ese mismo año se encontraron los restos de un globo de medición meteorológica en un lugar perdido en medio de la nada llamado Roswell, en New México.

Pronto alguien dijo que se trataba de los restos de un platillo volador extraterrestre.

Si hasta ese momento todo lo que se tenía era lo declarado por Arnold, de repente hubo algo concreto. Algo concreto que nadie vio, excepto las autoridades que prontamente revelaron su origen.

Como es costumbre, los seguidores de la Teoría de la Conspiración se negaron a aceptar la realidad y Roswell se convirtió en un lugar de culto.

El pueblecito miserable tuvo un auge turístico que se conserva hasta la actualidad y sigue creciendo.

¿Quiénes se encargan de alimentarlo? Obviamente los mismos que se benefician del turismo. Son los propietarios de los tres o cuatro hotelitos, el Museo del OVNI y todos los dueños de tiendas de suvenires, cafeterías y gasolineras.

¿Quiénes son los creyentes?

Algunos de los mismos que hasta la fecha siguen pensando que la Tierra es plana.

Confieso que uno de mis mayores deseos no cumplidos, es conocer de la existencia de otras civilizaciones interplanetarias. Aún no pierdo las esperanzas, pero sé perfectamente que las posibilidades son menos que remotas.

Pero no desearía conocer una civilización tan estúpida que, después de viajar miles de millones de kilómetros durante mucho tiempo en el espacio exterior, con toda la tecnología que requiere, termina su jornada estrellándose.

Estúpidos como esos abundan por aquí, y la mayoría viaja en moto (algunos casi a velocidad WARP).

Los OVNIS son parte del imaginario mundial, también alimentado por el cine y, claro, por “algunas personas especiales que son contactadas por los extraterrestres”.

¿Quiénes son éstos?

No científicos, no astrónomos, ni siquiera dirigentes de importancia mundial; los extraterrestres escogen gente sin ninguna preparación académica ni capacidad intelectual, con quienes se comunican en un lenguaje que sólo ellos pueden entender.

Algunos -inclusive- los han llevado a dar una “vuelta por ahí nomás” cerca de Júpiter.

Veamos, si usted viajara a un planeta de otro sistema solar y encontrara una civilización igual o más avanzada que la suya, ¿a quién buscaría para comunicarse?, (llévenme con su jefe).

Definitivamente no a un estúpido zapatero de algún pueblo medio salvaje o algo parecido, ¿no es cierto?

Ningún científico que se respete puede descartar la posible existencia de vida inteligente en algún lugar del Universo.

Pero tampoco ninguno podría declararlo como un hecho, sin tener pruebas irrefutables. Así es como operan las cosas.

También funcionan así: entre más grande es el nivel de ignorancia de la gente, mayor inclinación a creer cosas fantásticas.

Hay también quienes siguen dudando de que el hombre haya llegado a la Luna, cosa que ocurrió hace más de medio siglo. Son los mismos que creen que Kennedy sobrevivió a un balazo que le destrozó medio cerebro y que el Gobierno (los gobiernos) desde 1963 lo han tenido oculto en algún lugar secreto.

¡Por favor! Hay un vídeo (Zapruder) donde se puede ver con claridad cómo su cerebro vuela hecho añicos por los aires.

Y aun así, sería para mí más fácil creer que un político puede vivir sin cerebro (de eso hay muchos ejemplos localmente) a negar que la Tierra es redonda.

Pero no está todo perdido, la ciencia al alcance popular ha ido demostrando, poco a poco, la no existencia de OVNIS.

¿Cómo?

Casi todos los habitantes del planeta Tierra poseen un teléfono con cámara fotográfica.

Un hombre medio desnudo salta desde la ventana de la casa de su amante y corre hacia una moto ante la llegada intempestiva del marido y, cuando aún no ha tenido tiempo para buscar algo que ponerse o gritar “abran campo” cuando ya hay varios vídeos que están “haciendo vibrar las redes” mostrando su fuga desde todos los ángulos.

No hay nada oculto bajo el sol tiene un equivalente actualizado: ahora hay cámaras por todas partes, sólo que ninguna ha logrado una foto o un vídeo que demuestre -sin lugar a discusión- que los extraterrestres están aquí.

Este artículo no va a cambiar el criterio de nadie, quizá yo soy parte de “los que no quieren que se sepa la verdad”, ¿no es cierto?

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