Por Otto Martín Wolf

Se atribuye la frase y el concepto a Heráclito de Efeso, filósofo que vivió unos 500 años antes del comienzo de nuestra era. Desde luego que tiene razón, excepto cuando dijo que “nadie se baña dos veces en el mismo río”.
Si somos puristas, el río sigue siendo siempre el mismo, lo que cambia es el agua.
La frase correcta sería “nadie se baña dos veces en la misma agua de río”.
Pero el cambio es permanente, aunque a veces ocurre de manera tan lenta que no nos percatamos.
Los hábitos de todos, nosotros, los hondureños, los de la misma formación e historia, cambian constantemente.
De hecho, somos muy diferentes a la generación en que vivieron nuestros padres, así como los hijos están creciendo y formándose en el mismo país, entre la misma gente, pero de manera diferente.
Recuerdo que antes era casi obligación nacional escuchar “el matutino” todos los días.
Las noticias, los comentarios, la información, la generación de tendencias, todo eso era regido por su opinión.
Si bien es cierto conserva aún una buena parte de su influencia, la desaparición de los radios caseros y portátiles, así como la llegada y popularización de los noticieros de televisión y, quizá más reciente y poderoso, los dispositivos móviles y hasta la modificación de los horarios en escuelas y centros de enseñanza, así como empleos, etc. han cambiado los hábitos de mucha gente y, sobre todo, permitido la formación de otros hábitos.
Una gran parte de la población no escucha radio en la forma en que se acostumbraba a hacerlo, así como la lectura de periódicos se ha modificado ante el avance tecnológico.
Somos los mismos, pero con costumbres diferentes, cosa de la que casi no nos damos cuenta.
La música de moda, que antes era difundida por las “radios musicales” sigue llegando, pero lo hace también por otros medios; las radioemisoras tradicionales se han reducido y, en mi opinión, están en proceso de extinción.
Nuevas modas, apoyadas por nueva tecnología, están cambiando la manera en que se forma el carácter común nacional.
Es lo mismo que sucedió con los teléfonos fijos cuando llegó la telefonía móvil y, a su vez, a la telegrafía con la llegada del teléfono fijo.
¿Cuántos saben que “Telegram” es un app que permite una rápida comunicación entre usuarios? La mayoría.
Pero lo que muchísimos ignoran es que el “telegrama” era un antiguo sistema de comunicación entre personas. Con una clave llamada “Morse” -debido a su inventor- se enviaban mensajes de una estación a otra hasta que, finalmente, en un papelito primorosamente doblado, el texto llegaba a su destinatario con buenas o malas noticias.
El cobro se hacía de acuerdo a la cantidad de palabras. Las primeras cinco estaban incluidas en el costo el cual aumentaba con cada palabra.
Historia antigua?
Aún existe en Tegucigalpa el Palacio de Telecomunicaciones, donde funcionaba tanto el telégrafo como la entonces novedosa telefonía fija.
¿Qué tecnología sustituirá a la actual?
Así como algunos ahora recuerdan con nostalgia los elementos con los que crecieron y ven la llegada de todos esos dispositivos tan modernos y diferentes -a veces hasta con temor- cuáles serán los aparatos que nuestros hijos y nietos verán con sorpresa, con admiración?
Cuáles serán las cosas que les harán volver la vista atrás con cierta nostalgia por tiempos que jamás regresarán y que en este momento son los actuales.
Somos los mismos hondureños, es cierto, pero los cambios en tecnología y costumbres nos hacen diferentes, bastante diferentes generación tras generación.
Algunos todavía recordarán las “piñatas” de su infancia donde se bailaba “la raspa”, se servía “yuca con chicharrón” como platillo favorito acompañado de refresco de horchata donde todos los invitados se acomodaban en el patio o el garaje de las casas.
Ahora la mayoría se realizan en restaurantes de comida rápida o lugares de alquiler especializados.
De caminar a pie al caballo y al auto. Antes, sólo los muy pudientes podían disfrutar de un automóvil, luego se popularizaron tanto que las calles y carreteras no siempre dan abasto para tanto vehículo.
Los extremos se juntan: Ahora sólo unos cuantos, especialmente campesinos de bajos ingresos (no alcanza ni para una de esas motos baratas) montan a caballo y, también los muy ricos, que pueden darse el lujo de tener un casi pura sangre en establos especiales en sus fincas de campo para disfrutar de una cabalgata.
¿Cuántos bilingües había antes? Muy pocos, quizá algunos privilegiados.
Ahora se estudia inglés casi como una profesión u oficio que permite acceder a empleos en “call centers” y otros lugares donde es requisito indispensable.
Somos los mismos, las costumbres están cambiando.
En realidad lo que se está forjando en casi todos los sentidos son las generaciones del mañana, las que recibirán un país y, al igual que nosotros, entregarán otro a sus descendientes.Seremos los mismos… pero diferentes.



