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sábado, junio 13, 2026

¿Las candelas?

LA tarde caía sobre los pinares y Winston venía jadeando cuesta arriba por la empinada vereda cargando a tuto un ejemplar de EL PAÍS, una libreta y cara de quien acaba de recibir un telegrama triple diplomático urgente. -¡Sisimite! Mandan a decir los peruanos que la cosa sigue enredada. El Sisimite levantó la vista desde una piedra donde estaba sentado viendo pasar las nubes. -¿Y ahora qué pasó? -Que ahoritita la oriental le pasa por 561 votos al camarada del sombrero de paja de ala ancha, compañero de viaje del expresidente preso que quiso imitar la hazaña de Fujimori disolviendo el Congreso… y por eso se los apearon. -¿Y ya terminaron de contar, que acá los impacientes están urgidos por poner su X burlándose del país, que allá las cosas son friendo y comiendo y acá es a vuelta de rueda? -Dicen que llegaron más de doscientas actas del extranjero. Unos treinta y dos mil setecientos votos. Los votos rurales prácticamente ya se acabaron. Pero varias actas del exterior se fueron a revisiones jurisdiccionales. Pero el conteo desde anoche está parado como burro encaprichado sin motor de arranque.

El Sisimite sonrió. -¿Y qué dice el camarada? -Acaba de lanzar un mensaje: “Solo el pueblo salva al pueblo”. Van a la marcha: “La toma de Lima”. Sus voceros dicen que la democracia no consiste en votar e irse para la casa. Que hay que empezar la vigilia, con candelas de a peso y con antorchas. -Si ya no hay candelas de a peso. -Ni de 20 reales. Y te cuento que los malos perdedores de acá ya enviaron asesores de refuerzo. -¿Y qué aconsejan? -Primer mandamiento: Cualquiera que pierda debe denunciar inmediatamente un horrible fraude. -Aunque todavía no se conozca el resultado. -Preferiblemente antes. -Segundo mandamiento: Jamás reconocer que el adversario pudo haber ganado legítimamente. -Tercer mandamiento: Culpar a los árbitros, a los referentes, y a todo metiche que intente defender el sistema democrático. -Cuarto mandamiento: Alegar que todos esos que no fueron a votar, como el 25%, son “votos míos”… además del otro montón que me echo a la bolsa aunque no los tenga ni sean míos, sino del partido. El Sisimite soltó una carcajada. -¿Qué más aconsejaron? -Quinto mandamiento: Que bajo ninguna circunstancia se les vaya a ocurrir poner en práctica la “ética de la derrota”. Eso es virtud exclusiva de demócratas. -¿Y por qué será –inquiere el Sisimite– que cuando ganan, los árbitros son honorables, las leyes son magníficas, los procedimientos son transparentes y la democracia es ejemplar? Pero cuando pierden… malhaya la condenada. -¿Cuáles son los síntomas de la enfermedad? -Inflamación del “yoísmo”. «Après moi, le déluge» (Después de mí el diluvio). -Entonces la teoría del fraude funciona como medicina. -No exactamente. -Funciona como anestesia. -¿Cuál es la diferencia? -La medicina cura. La anestesia duerme.

El viento comenzó a mover las copas de los pinos. -¿Y qué pasa cuando una sociedad acepta esas mentiras? -Que el precio termina pagándolo el país entero. Porque para tratar la hinchazón de un perdedor se sacrifica la confianza en las instituciones. -Y sin confianza… todo se vuelve sospechoso. -Las elecciones, los jueces, los árbitros, los resultados, el mismo sistema que sostiene la democracia. -Y al final nadie cree en nada. Y esa es la verdadera pérdida. Que algunos están dispuestos a incendiar la casa con tal de que nadie note el alboroto que manejan en su cuarto de habitación. -¿Y por qué cuesta tanto? -Porque para algunos un fracaso ya no digamos cerca de una media docena– es más doloroso que perder la cordura. Ambos siguieron caminando entre los pinares mientras la neblina bajaba lentamente de la montaña, cubriendo el bosque con ese silencio que solo aparece cuando la realidad termina imponiéndose sobre el ruido.

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