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miércoles, junio 3, 2026

¿La pertenencia?

“VIVIMOS tiempos complejos”. – cita usada en editoriales anteriores del líder político uruguayo y exjefe de Estado, Julio María Sanguinetti reflexionando sobre la razón por la cual él “siente una profunda convicción por los partidos”– “El ciudadano se siente representado por sí mismo”. “La representación política hoy está en crisis”. “El ciudadano hace un Facebook y cree que con eso es partícipe del diálogo universal”. “Y vive la falsa sensación de ello”. “Y más que nunca, entonces, nos tenemos que aferrar a las ideas con la pasión y el sentimiento que nos da la pertinencia”. Exploremos –asistidos por la IA– el contexto de lo dicho: La autopercepción de representación: Cuando dice “el ciudadano se siente representado por sí mismo”, describe un fenómeno contemporáneo: el individuo cree que ya no necesita mediaciones; supone que puede hablar directamente al mundo desde su celular. Publicar en Facebook, en X o en cualquier red le da la impresión de tener voz en el “diálogo universal”.

“Ese gesto, sin embargo, es engañoso. En realidad, esa voz se diluye en un océano de millones de voces, amplificadas o silenciadas según los algoritmos”. “Lo que parece “participación política” es, en la mayoría de los casos, un desahogo personal que no transforma estructuras ni construye proyectos colectivos”. La crisis de la representación política: “Los partidos, parlamentos y otros conductos de expresión, pierden centralidad porque la ciudadanía se acostumbra a canales más inmediatos, pero también más frágiles”. “El riesgo es que la política se atomiza en opiniones sueltas y en pulsiones momentáneas”. Eso genera problemas: “Desintermediación peligrosa: si todos se sienten representantes de sí mismos, nadie acepta ser representado por otros. Se rompe la lógica de la democracia representativa”.

“Ilusión de incidencia: el clic, el like, el post, generan satisfacción emocional pero no compromiso duradero ni cambio real. Es la “falsa sensación” de participación”. El antídoto que propone: “Aferrarnos a las ideas con pasión y sentimiento”. “En un tiempo donde los vínculos son líquidos, lo único que da pertenencia es la solidez de una identidad ideológica y colectiva”. “La pertinencia no es solo ideológica sino también afectiva: sentirse parte de algo más grande que el yo”. Y eso lleva a la lógica convicción por los partidos: “No basta la efervescencia individual en redes; se necesita comunidad política organizada que encauce esas energías hacia proyectos estables y hacia la continuidad institucional”. Dicho de otra manera, “estamos en una era en que la política compite con el espejismo de la auto-representación digital”. Y los partidos deben enfocarse en ofrecer identidad y sentido de pertenencia, para contrarrestar el espejismo de plataformas digitales caóticas o, lo otro que encuentra tierra fértil en el caos, los populismos que dicen personificar “la voz directa del pueblo”.

(¿Pues no crees –tercia el Sisimite– que eso está sucediendo? ¿Que ese vacío lo aprovechan los populismos contemporáneos que se presentan como “la encarnación del pueblo real” frente a instituciones debilitadas? -Has dado en el clavo –concuerda Winston– el individuo, creyéndose representado por sí mismo, termina delegando todo en un caudillo que le promete ser su espejo perfecto. (Solo que ya hay muchos ejemplos vivos de lo que acaban dando y haciendo esos remedios postizos). La paradoja es aleccionadora: en el afán de autoproclamarse libre, el ciudadano aislado se vuelve más vulnerable a la manipulación autoritaria y a la influencia frívola e insustancial del montón).

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