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jueves, junio 4, 2026

¿La derrota?

LA neblina matinal descendía como espabilándose entre los pinares. Las agujas de los pinos brillaban cubiertas de rocío y el viento, ligero y fresco, parecía traer ecos de conversaciones ya platicadas. Después de un largo silencio, el chuchito levantó la vista. -Decime una cosa… ¿por qué hay personas que cuando pierden una elección, una discusión, jamás aceptan la derrota? El Sisimite con su sonrisa filosófica. -Porque aceptar una derrota exige inteligencia que no todos poseen. Para reconocer un error se necesita humildad. Y la humildad suele ser la virtud más escasa cuando el orgullo anda desorbitado. Winston movió las orejas. -Pero si perdieron, ¿no sería más útil analizar qué salió mal? -Claro que sí. Esa sería la reacción sana. Preguntarse: “¿Qué dejamos de entender? ¿Qué errores cometimos? ¿Por qué la gente pensó distinto?”. Pero los complejos suelen buscar los atajos cómodos. Es menos doloroso culpar al árbitro que revisar la propia estrategia. -¿Y por eso aparecen las teorías y las excusas?

-Exactamente. El fracaso produce una herida en la autoestima. Y algunas personas, para no enfrentarla, construyen relatos donde jamás son responsables de nada. Si ganan, fue por su “capacidad”. Si pierden, fue culpa de una conspiración, de la prensa, del sistema, de los jueces, de los árbitros, de “los traidores”, del cielo encapotado. La imaginación para justificar derrotas suele ser mucho más fecunda que para corregir faltas propias. Continuaron caminando. -¿Y eso es un trastorno? -En la mayoría de los casos es simplemente una combinación de ego, racionalización y autoengaño. La psicología lo estudia desde hace décadas. La arrogancia tiene una tendencia natural a atribuir éxitos a sus habilidades y sus fracasos a factores ajenos. -¿Entonces es una especie de mecanismo de defensa? -Exacto. Como una venda emocional. El problema es que una venda sirve para proteger una herida mientras sana, no para vivir toda la vida con ella puesta. -¿Y qué ocurre cuando la persona persiste en la misma narrativa? -Entonces, sí es trastorno. La herida no sana y se convierte en trauma. Y el resentimiento es una prisión construida por uno mismo. -¿Por eso algunos parecen vivir permanentemente amargados? -¿Porque nunca hicieron las paces con la realidad? -La derrota fue un acontecimiento; el resentimiento es un rencor enconado. -Otra cosa. ¿Por qué muchas veces la emprenden precisamente contra quienes defendieron la democracia, protegieron el proceso o impidieron caer al despeñadero? -Porque esos referentes y los actores que salvaron el país reviven el momento en que la realidad se volvió inevitable. Como evitaron el desastre, muchos olvidan que todo pudo acabar en tragedia. Que el peligro existía. El bien que hacen quienes protegen las instituciones suele ser invisible. Nadie aplaude al puente que no se cayó. Nadie agradece al médico la enfermedad que no llegó. Nadie recuerda el incendio que fue apagado antes de propagarse. (Y la ingratitud es hermana gemela de la mezquindad).

-Y es que aceptar que hubo quien hiciera el bien al país obliga a aceptar también que la derrota fue real. Y para la atrofia cerebral eso es insoportable. La derrota es la manera que tiene la realidad de decirnos algo. Tal vez que debemos corregir el rumbo. Tal vez que la gente pudo ver detrás del antifaz. Tal vez que el yo importó más que el bien colectivo. Winston insiste: -¿Cuál es el camino para superar la amargura? -La introspección. Tan simple como eso. Simple de decir. Difícil de practicar. Significa reconocer errores sin destruirse por ellos. Arrepentirse con fe genuina de los pecados. Rectificar sin sentirse humillado. Comprender que equivocarse no convierte a nadie en mala persona. -O sea que la derrota puede curar. -Si se acepta, sí. Puede limpiar el alma a quien la sufre. Pero si se niega, se transforma en demencia fatal. Winston miró el horizonte donde la neblina comenzaba a disiparse. -Entonces triunfar no siempre es ganar. -No, Winston. A veces el verdadero triunfo es aprender. -¿Y la verdadera derrota? El Sisimite señaló unos X en las redes con un dedo: -Pasar días y meses enteros, hasta aburrir, culpando a todos los demás y no aprender absolutamente nada. Y siguieron caminando entre los pinares mientras la niebla se retiraba lentamente, como si el bosque mismo quisiera recordarles que la claridad siempre llega, pero solo a quienes tienen la cristiana virtud de abrir los ojos.

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