Por Enrique Zaldivar

Todos queremos respeto. Pero poco lo abrazamos como un valor de vida. Creo que el eje central de la convivencia siempre será el respeto. Aunque hoy en día me pregunto, si este valor se ha perdido, o es que simplemente dejo de tener importancia para las personas. Parece que ahora es más relevante el imponerse. Ser el más vivo.
Nos sentirnos satisfechos cuando logramos algo por nuestra viveza. Sin importar a quién nos llevamos de encuentro. Las empresas hoy en día están urgidas y pagan bien por líderes que destaquen por sus habilidades blandas.
Hablamos de comunicación efectiva, inteligencia emocional, trabajo en equipo, resiliencia y adaptabilidad. Ahora bien, la piedra angular de todo esto es el respeto. Y considero que mucho de ello viene de lo aprendido en casa.
Tengo claro que nada cae de la noche a la mañana. Esto es algo que ha ido poco a poco deteriorándose al punto que hemos llegado. Vemos, por ejemplo, como por diferencias políticas o ideológicas, se asesinan personas.
No es nada nuevo, tampoco. Podemos recordar muchos líderes emblemáticos, que por una bala han sido silenciados. ¡Que poco respeto tenemos por la vida! Y por las personas. Las redes sociales, que han empoderado la opinión de cualquiera desde el anonimato, o desde la cobertura detrás de un dispositivo, permiten insultos, enojos y rabietas que solo nos hace preguntarnos hasta donde vamos a parar.
La falta de respeto se origina mucho, por el egocentrismo y la soberbia. Cuando me creo el centro de todo y que todos deben darme la razón. Otros factores, como la poca tolerancia, y la falta de principios, hacen que cualquier persona diferente a mi pensamiento, a mis creencias a mi estándar, la vea con menosprecio, por no tener la altura de pensar lo que pienso. ¡Pero que se cree uno! Recuerdo que, en mi casa, de pequeño, me enseñaron a que con las personas no se discute por fútbol, por política o por religión.
Las personas mesuradas, sabias, que guardan silencio, pacificadoras, hoy día no son vistas como “ejemplos a seguir” pues estamos rodeados de quien dice el chiste más rápido en TikTok, quien se burla o queja de todo, haciéndonos creer que eso es normal hoy en día.
A mis padres ¡Jamás me atreví a levantarles la mano! Mucho menos la voz. Callar y actuar, es muchas veces una gran herramienta. Pues nos hace primero pensar para después hacer lo que pensemos es mejor.
Pero guiarnos por impulsos, con una conciencia cauterizada de todo remordimiento, ante no darle su lugar a otros. Es complicado como sociedad. Aun así, la buena noticia es que hay aún gente muy, muy respetuosa. Y hay que destacarlos.
Y comencemos nosotros por ser ejemplo. La mejor manera de fomentar respeto, es dándolo. Sé que costará mucho más hoy día, pero inténtelo. El mejor estímulo para ello que puede tener es, ¡Respétese a usted mismo! Si lo hace, seguramente será una persona de mucho valor para los demás.
Respete quién usted es, lo que hace por la sociedad. Su trabajo, su familia. Y como le dije, no espere los aplausos, ni siquiera un gracias. Pero hágalo por usted. Aquí es donde se mira la verdadera humildad, que no tiene nada que ver con cuanto tenga o no tenga.
La gente alrededor suyo comenzará tarde o temprano a respetarlo. Y créame, uno termina amando a las personas de respeto. Sea genuino, practique la empatía, rechace el orgullo y victimizarse ante las circunstancias. Y verá como con su actuar influenciará a otros. ¡Recuerde, todos queremos ser respetados! Incluso, usted.



