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miércoles, junio 3, 2026

¿Hasta ronco?

“JA, ja, ja, pues ya estoy igual a la nieta –mensaje de la mamá de la nena de los cuentos, cuyo cuento inconcluso, mientras hablaba en su sueño (relatado por la nena en un menaje de voz) fue tema de un editorial el fin de semana– soñando que ya no debía levantar a la nena para ir a clases y en el sueño me dije: «estás soñando, aún nos faltan un par de semanas de clases, levántate y anda» ja, ja, ja”. “Creo que todos hemos sentido ese “déjà vu”, más de alguna vez y es interesante revivir eso que ya imaginaste; como cuando te levantas por la mañana y sientes que van a asaltarte y por la tarde, para tu sorpresa, así sucede”. “Ojalá un día sueñe que me gano la lotería y así suceda”.

“Está madrugada, –mensaje del amigo académico– mientras ya soñaba despierto, recibí su editorial de hoy. Lo leí con agrado. Recién había terminado una consulta a una IA acerca de uno de mis temas favoritos: “Las ilusiones” que, como los sueños, usan a nuestro inconsciente como océano perfecto para su barca. Los sueños de su nieta me recordaron la impactante línea de cierre del cuento “Las Ruinas Circulares” de Borges. Le adjunto un “audiolibro ilustrado” de este cuento. Muy lindo editorial. Lo felicito. Saludos a su nieta”. El texto de cierre de “Ruinas Circulares”: El término de sus cavilaciones fue brusco, pero lo prometieron algunos signos. Primero (al cabo de una larga sequía) una remota nube en un cerro, liviana como un pájaro; luego, hacia el sur, el cielo que tenía el color rosado de la encía de los leopardos; luego las humaredas que herrumbraron el metal de las noches; después la fuga pánica de las bestias. Porque se repitió lo acontecido hace muchos siglos. Las ruinas del santuario del dios del fuego fueron destruidas por el fuego. En un alba sin pájaros el mago vio cernirse contra los muros el incendio concéntrico. Por un instante, pensó refugiarse en las aguas, pero luego comprendió que la muerte venía a coronar su vejez y a absolverlo de sus trabajos. Caminó contra los jirones de fuego. Estos no mordieron su carne, estos lo acariciaron y lo inundaron sin calor y sin combustión. Con alivio, con humillación, con terror, comprendió que él también era una apariencia, que otro estaba soñándolo”. (Fin del cuento de Borges).

(El cuento –entra el Sisimite, asistido por textos de crítica literaria– podría decirse que es un viaje “metafísico sobre los sueños como actos creativos y la realidad como naturaleza ilusoria”. “El sueño se transforma en un mecanismo narrativo que desdibuja los límites entre lo real y lo imaginario”. -El cuento –ilustra Winston– es “una alegoría del idealismo filosófico, donde la realidad es una proyección mental”. “El mago actúa como un demiurgo que, al igual que un escritor, da vida a su obra (el hijo soñado), pero está condenado a no trascender su propia condición de ficción”. “Borges –recuerda el Sisimite– sugiere que “la literatura, como los sueños, es un acto de creación compartida. El autor es un soñador, pero sus personajes (como el hijo del mago) adquieren vida propia en la mente del lector”. -En el cuento “Ruinas Circulares” –prosigue Winston– “los sueños son “máquinas de generar existencias”, pero también trampas que revelan la precariedad de lo que llamamos «real». Borges utiliza lo onírico no para evadir la realidad, sino para exponer su arquitectura frágil y arbitraria. El cuento es, en sí mismo, un sueño literario que nos invita a cuestionar si somos autores, personajes o meras proyecciones en el gran teatro cósmico”. Y algo aparte de las reflexiones sobre este cuento –suspira Winston– a ver si otro día nos metemos a explorar el sueño de los chuchos. Si yo te contara mis sueños, de los que me acuerdo. Dice la nieta que hasta ronco cuando estoy soñando).

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