Por Mirna Isabel Rivera

A veces escuchamos comentarios cuando una empresa tiene más mujeres que hombres: “¿Dónde están los hombres?” “¿Ya no los contratan?” Pero no se trata de excluir a nadie. Muchas empresas valoran cada vez más las habilidades organizativas, la disciplina y la responsabilidad que caracterizan a muchas trabajadoras. Además, muchas mujeres asumen múltiples roles: madres solteras, jefas de hogar, profesionales, empresarias y cuidadoras.
Mientras leía sobre estos procesos históricos de los derechos de las mujeres y miraba fotografías de esa época en Europa, una fecha memorable fue el año 1910, en Copenhague, Dinamarca, en el marco de la Segunda Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, Clara Zetkin propuso establecer un día internacional para reivindicar los derechos laborales y al sufragio de las mujeres a nivel mundial.
Un año más tarde, en 1911, un incendio en la fábrica Triangle Shirtwaist en Nueva York causó la muerte de 146 trabajadores, en su mayoría mujeres jóvenes inmigrantes, que habían sido encerradas en su lugar de trabajo. Esa tragedia expuso las condiciones de trabajo inhumanas que enfrentaban las mujeres y aceleró la lucha por los derechos laborales y sociales. Esta situación también fortaleció los movimientos sindicales y se convirtió en un símbolo de la lucha por la dignidad de las trabajadoras.
Existe la creencia en las nuevas generaciones de que siempre gozamos de estos derechos. El simple hecho de tener una cuenta bancaria, ejercer el sufragio, participar en cargos de elección popular, estudiar, trabajar, vivir por nuestra cuenta o a viajar es algo que le debemos a la lucha de las generaciones pasadas. Estos derechos no surgieron gratuitamente; fueron el resultado del esfuerzo, la resistencia y, en muchos casos, el sacrificio de miles de mujeres que lucharon para que hoy podamos ejercerlos.
En Honduras, la situación también es motivo de reflexión. Hoy vemos a miles de mujeres empresarias, científicas, investigadoras, profesionales y líderes sociales. En las universidades hondureñas, las mujeres representan más del 50% del estudiantado, según datos del sistema de educación superior. Esto significa que, en muchos espacios académicos, las mujeres ya son mayoría y están aprovechando oportunidades que antes les eran negadas.
También es cierto que, demográficamente, hay más mujeres que hombres en Honduras. Según estimaciones del Instituto Nacional de Estadística, las mujeres representan aproximadamente el 51% de la población. Por lo tanto, no es sorprendente que en algunos lugares de trabajo haya una mayor presencia femenina.
El siglo XXI ofrece oportunidades que las generaciones anteriores no podían imaginar. La tarea ahora es no olvidar el camino recorrido y seguir construyendo un futuro en el que los derechos de las mujeres no sean una excepción, sino una realidad plena para todas.



