Por Enrique Zaldivar

Tiempo atrás leí sobre una increíble muestra de inteligencia emocional en una situación laboral. Una de las empresas norteamericanas de emparedados de los Estados Unidos, (Panera) Muy conocida, había despedido a una de sus colaboradoras por un vídeo el cual se viralizó. Video que grabó mientras preparaba uno de sus sándwiches.
Las políticas laborales en el norte son muy diferentes e inmediatamente la llamaron y le dieron las gracias. La chica, continuando con su fluida comunicación en redes, hizo una de las más inusuales reacciones que podríamos tener dejando una gran lección de lo que es inteligencia emocional: Agradeció a la empresa la oportunidad prestada, escribiendo algo parecido a esto:
“Quiero agradecer la oportunidad a la empresa, entiendo lo de el video y me parece que tienen toda la razón. No cuidé los estándares de higiene al tener mi celular a mano, así como también no preparé el emparedado como se nos entrena. Evidentemente cometí varios errores y agradezco las lecciones, prometo crecer en ello”.
¡Impresionante!, no digo que tuvo un final feliz, y que la empresa la contrató de nuevo, pero ¡Esta chica si que supo manejar con la mayor elegancia posible una situación delicada, dejando un buen nombre y las puertas abiertas a futuro en cualquier empresa! ¿Qué hubiera hecho usted? ¿Qué hubiera hecho yo? Seguramente hubiera posteado la “Injusticia de que me despidieron” y hubiera hecho un reverendo drama para que las personas se compadeciesen de mi y poder así llamar la atención. ¡Estamos en la era con los menos índices de inteligencia emocional entre personas adultas! ¡Todo lo tomamos personal!
Hace mucho escuché una anécdota de la importancia de tener inteligencia emocional en nuestro actuar: Una chica enojada con su mejor amiga, estaba dispuesta a decirle de todo.
La mamá al sentirla furiosa, le preguntó ¿Cómo podés enojarte así con tu amiga que haz compartido tanto? Ella le dijo: Ella se lo buscó y me va a oír.
La mamá, le deseó suerte en su decisión y le pidió algo: ¿Ves aquella sábana blanca que tengo allí colgada? Toma esta bolsa llena de carbones, y tíraselas. Hasta que te canses. La hija, sabiendo la lección que la mamá le preparaba con respecto a ensuciar a otros, lanzó uno que otro, a modo de no hacer pesada la lección.
Cuando terminó la mamá le dijo: Vi que no ensuciaste mucho la sábana. ¿Pero que hay de tus manos? Las manos estaban completamente manchadas de carbón. Y le dijo, es imposible no ensuciarte, cuando quieres ensuciar a otro.
Vivimos en tiempo donde digo lo que se me ocurra, a la hora que sienta decirlo y sin medir consecuencias. Las empresas, los negocios y las personas en general, le huyen a gente así. Y andamos abriendo heridas, muchas de las cuales jamás se van a cerrar de manera fácil. Piénselo. ¿Cómo responde a las adversidades? ¿Cuándo alguien lo interrumpe? ¿O cuando no le dan lo que usted pidió? Buscamos vengarnos incendiando más. Y al paso que vamos, bueno. ¡Lo podemos ver hoy en nuestra sociedad!
Reconocer nuestros errores. Contar hasta diez hasta que se le baje. Saber perder, son tragos que requieren mucha inteligencia emocional. Las emociones se vencen con un pie puesto en el futuro. ¿Qué creará esta reacción en mi futuro? ¿Qué consecuencias tiene mi respuesta? Si tenemos conciencia que nuestra reacción generará un efecto Dominó en nosotros, y en nuestro alrededor. Por eso ¡Desarrollemos inteligencia emocional! Las corporaciones evalúan mucho, antes de contratar a alguien, su capacidad para tener control de si mismo. ¡Pues es el mayor requisito para el éxito!



