29.2 C
Honduras
lunes, julio 20, 2026

¿Fin de todo?

“UNOS meses antes de morir, – narra la crítica literaria–Giuseppe Tomasi di Lampedusa, quien no vería en vida publicada su obra El Gatopardo –fue rechazada inicialmente por editoriales como Mondadori— le envió una copia mecanografiada de la novela a Enrico Merlo, uno de sus amigos más cultos”.

(La obra apareció en 1958, gracias a Giorgio Bassani en Feltrinelli). “En la carta que acompaña la carpeta Lampedusa incluye esta postdata: “Atención: el perro Bendicò es un personaje importantísimo y es casi la clave de la novela”. (La advertencia no está totalmente documentada, aunque es coherente con el pensamiento de Lampedusa, por lo que debe considerarse paráfrasis interpretativa, no cita canónica).

“Bendicò, desde el inicio de la historia, acompaña al Príncipe de Salina y, más que una sombra, el perro es un interlocutor a través del cual su dueño observa el mundo, una visión que apenas puede compartir con nadie y que tiene una carga existencial desde la que el Príncipe acepta la contingencia y se acerca a la muerte”.

“El perro –en sus paseos por el jardín, funciona como su presencia constante, casi una extensión del personaje– confiaba en enseñar al hombre el gusto por la actividad gratuita, inculcarle un poco de su dinamismo; el hombre hubiera deseado que, a través del afecto, el animal pudiese apreciar, si no la especulación abstracta propiamente dicha, al menos el placer de un ocio ilustrado y señorial, por supuesto, ninguno de los dos lo conseguía, pero igual eran dichosos porque la felicidad consiste en perseguir un objetivo, no necesariamente en alcanzarlo”.

(Fragmentos y variantes publicados posteriormente, algunos no integrados en el cuerpo definitivo de la novela, donde se desarrolla con más claridad la relación contemplativa entre el Príncipe y Bendicò). “La muerte adquiere sentido cuando muchos años después –fallecido ya el Príncipe, Lampedusa titula “Fin de todo”– una de sus hijas hace arrojar el cuerpo embalsamado del perro, deteriorado y apolillado, a un patio donde se deposita la basura”.

“Eso es la muerte, lo que se lleva también consigo el pasado. Y el leitmotiv de la novela, el llamado “gatopardismo”, que indica que, “todo se puede retener si se es capaz de cambiarlo todo”, no es más que una falsa ilusión”. Todo se diluye y acaba como el cuerpo de Bendicò, “en un montoncito de polvo lívido”.

(Cuando el cuerpo embalsamado es arrojado a la basura, cierra simbólicamente el mundo aristocrático siciliano. Ese gesto no es anecdótico, es el último acto de demolición del pasado).

(¿Y el gatopardismo –inquiere el Sisimite– es una tesis o ilusión? -La famosa frase: –elucubra Winston– “Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”, sí está en la novela (en boca de Tancredi). Pero Lampedusa no la presenta como verdad profunda, sino como estrategia cínica, lucidez política juvenil, y, a la larga, autoengaño histórico.

La lectura –que el gatopardismo es una falsa ilusión, desmentida por el polvo de Bendicò– es la creencia mayoritaria en la crítica moderna. El final no confirma la permanencia más bien confirma la disolución. -Pero has de saber –vuelve el Sisimite– ¿cuál es la lección simbólica de Bendicò? -Que el chucho –filosofa Winston– no es solo un perro, es la última ilusión de continuidad; cuando se vuelve polvo, el mundo antiguo termina de morir).

Más Noticias de El País