RETOMANDO el episodio de ayer. Lo de Villeda Morales fue historia distinta. Su aspiración, en ocasiones anteriores, topaba con los muros de la imposición y cuando iban a elecciones, ganaban no los que sacaban más votos sino quienes los contaban. La dictadura, –famosa la frase aquella de uno de los “trillizos punpuneros”, (así les decía Oscar Flores en sus editoriales de Diario el Pueblo a los militantes del PUN) elogiando el resultado de la elección: “les metiste capote, Julio”– intolerante a la oposición, acabó desterrando al líder liberal, al director de El Pueblo y al presidente del CCEPL.
Antes que cantara el gallo, fueron a parar, sin fichas sueltas en efectivo con que alquilar cuarto de hotel y sin maleta con la ropa de mudada, exilados a San José de Costa Rica. Al doctor lo fueron a sacar de su consultorio, y al abogado y periodista a las oficinas de redacción del periódico opositor.
Los encaramaron en un avión con destino a República Dominicana, casi nada, con rumbo a las calderas hirvientes del dictador Rafael Leónidas Trujillo. Milagrosamente, en el camino, gracias a gestiones de la Embajada Americana, los desviaron a Guatemala.
Allá el otro dictador, Castillo Armas, declarándolos “non gratos”, les dio 48 horas para abandonar el país. Una comunicación telefónica con don Pepe Figueres, ofreciendo su país como anfitrión, los condujo a la entonces única democracia de la autoritaria región, a compartir sueños y a llorar penurias, durante meses –en las holgadas bancas de los parques– junto a otros líderes expatriados por otras tiranías en la América del Sur. Una junta militar de gobierno puso fin al suplicio.
Los líderes expulsados retornaron al país, vitoreados en un recibimiento multitudinario de fervorosos simpatizantes que, en procesión, por las angostas y polvorientas calles de Tegucigalpa, acompañaron a pie la nutrida caravana vehicular todo el trayecto, desde Toncontín hasta el viejo altar de la virgen de Suyapa, a dar gracias por los providenciales acontecimientos que auguraban horizontes más despejados. Como en efecto sucedió.
Los liberales ganaron las elecciones de la Constituyente, pero ojo, con un partido rival dividido, el ala de Williams, por un lado, y el oficialismo por el otro. La discusión doctrinaria mientras se elaboraba el nuevo texto constitucional, versó sobre los linderos del poder de una Asamblea Nacional Constituyente.
Los liberales –bajo el influjo del versado criterio jurídico del abogado Oscar A. Flores Midence– defendían que la Constituyente, como poder originario, no solo podía redactar una Constitución sino constituir los poderes del Estado, mientras los nacionalistas argüían que era un poder limitado, circunscrito a la aprobación del texto constitucional.
¿Y los militares, como garantes del buen suceso del camino democrático emprendido, qué opinaban? (Pues, dando y dando; la elección de segundo grado a cambio de la autonomía institucional de la Fuerzas Armadas, en la Constitución. Una dicotomía de mando, –repetida en todas las otras constituciones subsiguientes– que no fue posible subsanar hasta años después, con la reforma constitucional, en 1999, subordinando el instituto castrense a la égida del poder civil, en otro gobierno liberal). Obviamente que las circunstancias coyunturales de 1982 eran distintas.
En el 57 los liberales tuvieron el control absoluto de la asamblea. En el 82, ya dijimos que el partido bisagra, con diputado por residuos, era fiel de la balanza. Con tal peso que, en un arreglo con la otra bancada, vía moción cambiaron –pese a que era un artículo aprobado que ya había agotado todo el procedimiento parlamentario, incluso con acta ratificada– el período presidencial de 6 años, consignado originalmente, dejándolo en los 4 que ha sido a partir de entonces.
(Visto en retrospectiva no deja de tener su mérito, ya que algunas veces, la paciencia de aguante del colectivo en un gobierno de 6 años –tratándose de malas administraciones que no dan pie con bola– sería una eternidad).
La reticencia a enfrentar opositores en elecciones generales, para elegir diputados, alcaldes y la fórmula presidencial en forma directa, salvo el riesgo que siempre se corre, tirada la moneda al azar en esas eventuales contingencias, descansaba en el apetito del círculo de “los señores feudales” que, desde la integración del gobierno provisional, aspiraba repartirse los ministerios y otros jugosos cargos, con garantía de permanencia para no ser removidos dado un fortuito traspiés electoral.
(Esto también lo cuentan –entra el Sisimite– en el libro “Los Idus de Marzo”. Pero como acá hay aversión a la lectura, el analfabetismo político es endémico. ¿Sabías la pasada astuta de porqué la directiva del Congreso se cambia a mitad de período menos el presidente que dura los cuatro años completos? –Yo como no soy del montón –interviene Winston– sí lo leí. Fue la rivalidad entre dos liberales por presidir el Congreso. Uno de ellos asumía tener un acuerdo para turnarse dos años cada uno.
Así estaba redactado el artículo constitucional, con la elección de la junta directiva completa cada dos años. La sorpresa fue durante la ceremonia formal, con el palco del hemiciclo lleno de invitados, de firma y juramento de la nueva Constitución. Al revisar el artículo, uno de ellos se entera que venía cambiado.
Sucedió, presumiblemente, mientras la secretaria transcribía el punto de acta, y una mano traviesa –dizque en una revisión de estilo– tachó el renglón del manuscrito (que decía 2 y le puso 4) introduciendo la excepción de la presidencia del Congreso.
-¿Y de allá para acá –vuelve el Sisimite– cuántas cosas no han sido alteradas en esas comisiones de estilo, cuya función solo es corregir la forma de redacción, la ortografía, no el fondo de las cosas? –¿Y no es –ironiza Winston– que con el pasar de los años salen aumentados y corregidos? Esperate las reacciones del colectivo, mandando mensajes de todo eso que sucede ahora. Ojalá solo fuera la cuarta más de la vara con que mides. Ni que el poder fuera eterno. ¿No sabrán que la vara que aplican, tarde o temprano, igual, se las van a aplicar, a saber, con cuántas cuartas más?).


