“DE lo mejor que ha escrito –mensaje de un amigo del colectivo– cada concepto, cada frase, cada metáfora se puede convertir en una pieza de pensamiento humanista, hecha editorial”. “Señalar las conductas humanas, por más abyectas, pero con firmeza e inteligencia es de verdad un arte”. Consultamos la IA sobre esa renuencia neneque de los perdedores, allá y acá, a no aceptar resultados: “Desde la psicología política y la conducta humana, existe un fenómeno: las personas y los grupos suelen encontrar más fácil atribuir sus derrotas a causas externas que reconocer errores propios”. Antes que aceptar la verdad incómoda aparecen narrativas como: “Nos robaron”. “El sistema estaba amañado”. “La gente fue engañada”. “Los árbitros nos traicionaron”. “Perdimos por culpa de otros”. Cuando se convierten en una explicación permanente, inmune a toda evidencia contraria, dejan de ser análisis y se transforman en mecanismos de defensa psicológica. “Los psicólogos suelen asociar esto con fenómenos como: Sesgo de autoservicio: atribuir los éxitos a nuestras virtudes y los fracasos a factores externos. Disonancia cognitiva: la incomodidad que produce que la realidad contradiga nuestras creencias. Racionalización: construir explicaciones que protejan la autoestima. Proyección: atribuir a otros defectos, intenciones o conductas que no queremos reconocer en nosotros mismos”.
¿Por qué cuesta tanto la introspección? “Porque exige dolor. Exige reconocer errores; decisiones desacertadas; que parte del rechazo provino de conductas propias. Y esa aceptación suele ser más difícil que buscar culpables externos. De ahí que algunos pensadores hayan observado que la derrota bien asumida puede ser más formativa que la victoria”. La “ética de la derrota”: aceptar el veredicto de la ciudadanía, aprender y reconstruirse. “La democracia no se prueba cuando ganamos; se prueba cuando perdemos”. “Porque aceptar una victoria propia es fácil. Lo difícil –y ahí aparece la verdadera ética democrática– es aceptar una derrota sin destruir las reglas que permitieron competir”. ¿Por qué la emprenden contra quienes salvaguardaron el proceso? “Cuando una persona o grupo necesita encontrar una causa visible para una derrota, suele dirigir su frustración hacia quienes estuvieron en el centro de los acontecimientos: árbitros, jueces, autoridades electorales, medios de comunicación, instituciones de control, figuras simbólicas, porque representan el punto donde la realidad se volvió inevitable”. “El mensajero suele recibir la ira destinada al mensaje”. “Existe además una paradoja humana muy antigua: quienes evitan un desastre no siempre reciben gratitud”. La madurez política y personal suele comenzar cuando se abandona la pregunta: “¿Quién tuvo la culpa de mi derrota?” y se sustituye por otra más difícil: “¿Qué puedo aprender de ella?”. “La primera alimenta resentimientos, la segunda produce crecimiento”. “Por eso la historia suele recordar con mayor respeto a quienes supieron perder con dignidad que a quienes pasaron tiempo explicando por qué, según ellos, nunca debieron haber perdido”.
Como decía el filósofo español José Ortega y Gasset: “Una de las formas más elevadas de inteligencia consiste en comprender la realidad tal como es, no como quisiéramos que fuera”. La reconciliación con la realidad suele ser el primer paso tanto para la sanación personal como para la reconstrucción política. (La resistencia a aceptar la derrota –el Sisimite citando textos especializados– “comienza a adquirir características patológicas cuando la persona: niega persistentemente una realidad demostrada por la evidencia; construye explicaciones conspirativas cada vez más elaboradas para evitar toda autocrítica; mantiene un resentimiento obsesivo e incapacitante; deteriora sus relaciones, su bienestar o su funcionamiento cotidiano por esa fijación; convierte la derrota en el eje central de su identidad y de su vida emocional”. -En otras palabras –interpreta Winston– “¿la derrota se vuelve un problema psicológico no cuando duele, sino cuando la persona queda atrapada en ella y pierde la capacidad de aprender, sanar y seguir adelante?”. “No es trastorno perder; el trastorno comienza cuando se vive permanentemente dentro de la derrota”).


