Por Rodolfo Dumas Castillo

Se publicó recientemente el documento denominado “Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos para 2025”. Se trata de un documento que marca un giro claro y sin ambigüedades, guiado por el principio de “América Primero”, centrado en intereses duros y en la reafirmación de la primacía estadounidense en el hemisferio occidental.
Para Honduras, ignorar este instrumento sería un error, mientras que entenderlo y anticiparlo puede abrir oportunidades estratégicas. La Estrategia plantea una política para la región basada en “Alistar y Expandir”; alistar a los socios que estén dispuestos a alinearse con Washington y expandir la presencia estadounidense donde sea necesario para evitar influencias externas.
Es, en la práctica, una actualización explícita de la Doctrina Monroe. La cooperación con Estado Unidos dependerá de la confianza que generen los gobiernos en la protección de su entorno geopolítico. El primer interés estadounidense en la región es el fin de la migración masiva.
La seguridad fronteriza pasa a ser el eje estructural de su política hemisférica y Washington espera que los países del istmo contribuyan activamente a contener los flujos migratorios y a garantizar estabilidad interna suficiente para desincentivar la salida irregular.
Para Honduras, esto implica que cualquier acceso privilegiado a apoyo o inversión estará atado a resultados concretos y verificables. Un segundo componente es la reafirmación de la preeminencia estadounidense frente a competidores extra hemisféricos.
La Estrategia advierte sobre la necesidad de impedir que potencias rivales adquieran influencia en sectores estratégicos como puertos, telecomunicaciones, infraestructura energética o nodos logísticos. En la práctica, la calidad de la relación bilateral dependerá del grado en que los países protejan esos activos y reduzcan riesgos percibidos.
Honduras deberá revisar acuerdos y contratos que puedan interpretarse como amenazas potenciales desde la perspectiva de Washington. La seguridad regional ocupa otro lugar central. Estados Unidos ha clasificado a los carteles y a algunas pandillas transnacionales como amenazas equiparables a organizaciones terroristas.
Esto anticipa una cooperación más agresiva, que podría incluir despliegues focalizados y uso de fuerza letal contra redes criminales.
La expectativa es que los gobiernos del hemisferio colaboren sin reservas, compartan inteligencia y adopten reformas jurídicas que permitan una acción conjunta más efectiva.
Honduras no puede pasar por alto esta nueva doctrina, por lo que la credibilidad de su lucha contra el crimen organizado será un factor de peso en cualquier relación estratégica. En el plano económico, la Estrategia introduce una política comercial abiertamente pro-trabajador y orientada a fortalecer cadenas de suministro críticas dentro del hemisferio.
Esto abre la puerta a nuevas oportunidades de nearshoring para países capaces de ofrecer condiciones regulatorias y logísticas estables. El mensaje es que Estados Unidos reubicará capacidad industrial en el hemisferio, pero solo en territorios que proporcionen certidumbre, energía confiable, rapidez administrativa y respeto a la inversión.
Ante este escenario, Honduras debe tomar decisiones estratégicas y lo debe hacer con sentido de urgencia. La primera es profundizar una cooperación de seguridad integral, lo que requiere fortalecer instituciones, modernizar capacidades y demostrar voluntad política para combatir carteles y pandillas con efectividad. Washington valorará a los países que asuman riesgos y produzcan resultados concretos.
La segunda es transformar el marco regulatorio para atraer inversión estadounidense. Sobre este tema hemos escrito amplia y repetidamente, precisamente porque sabemos que es indispensable para Honduras y su desarrollo. La lentitud y discrecionalidad administrativa es uno de los principales obstáculos que enfrentamos.
En un mundo donde las empresas buscan instalarse con rapidez, no podemos continuar con procesos arcaicos ni incertidumbre jurídica. Si aspiramos a convertirnos en un destino preferido, debemos implementar un plan agresivo y extenso de simplificación administrativa. Un tercer desafío es la exclusión activa de influencias adversarias en sectores estratégicos.
Esto no implica romper relaciones con otros actores globales, pero sí adoptar una política realista sobre qué espacios son sensibles para Estados Unidos. La prioridad debe ser la protección de infraestructura crítica y la adopción de tecnologías y estándares de seguridad compatibles con los de Washington.
Finalmente, Honduras debe garantizar transparencia y equidad en materia comercial. La Estrategia deja claro que Estados Unidos no tolerará prácticas depredadoras, expropiaciones encubiertas ni regulaciones dirigidas contra empresas estadounidenses. Un país que aspire a atraer capital norteamericano debe ofrecer certeza legal y reglas claras, es decir, seguridad jurídica.
La Estrategia Nacional de Seguridad de 2025 redefine la relación de Estados Unidos con el hemisferio, definiendo con claridad qué conductas premia y cuáles penaliza. Honduras puede ver este documento como una injerencia o como una hoja de ruta.
Si opta por lo segundo, podrá convertir la alineación estratégica en una plataforma real de desarrollo económico. El hemisferio se reorganiza; el reto es decidir si queremos ser espectadores o socios de primera elección en este nuevo orden regional.



