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lunes, julio 20, 2026

¿Escurridizo?

“NO hay palabras –mensaje de la culta amiga– expresión del nudo en la garganta que me produjo cuando leí en AURUM la carta, como regalo de cumpleaños, que le escribe a Sofi, complaciendo su petición: ¿Qué se aconsejaría, si pudiera regresar en el tiempo, a sus 27 años de edad?”.

Toda la carta es un rosario de consejos para cualquier adolescente y un cierre con estas líneas tiernas que recogen toda una vida de experiencia: “No olvidés que la vida, aunque parezca, no es un subibaja al que se trepa, sino un caprichoso sendero que se recorre”.

“A veces cuesta arriba –que demanda más energía, implica mayor desgaste, concita sumo cansancio– pero cuando al fin se alcanza la cima, se aprecia la magnitud del esfuerzo depositado”. “A veces cuesta abajo, que parecería más cómodo, menos agotador, pero cuidado con la pendiente y la velocidad, para no tropezar y dar un paso en falso”.

“Subiendo o bajando, siempre hay paisajes hermosos que se atesoran, mirándolos despacio”. “Chichí, recogé esas semillas. Plántalas en tu risa, en tus lágrimas, en tu manera de ser y de mirar el mundo”. “Para que, cuando mañana te encontrés con tu propia sombra joven, tengas algo hermoso que decirle”.

“Empecé AURUM –mensaje del exmagistrado amigo– y destaco el cariño especial con el que usted se refiere a toda su familia, sus amigos, pero especialmente a su padre”. “Describe cada detalle de su personalidad, sus gestos, sus actitudes…; para mí, eso lo retrata; lo describe, de cuerpo entero, como una persona buena”.

(Se refiere al anecdotario de una edición especial del periódico, en homenaje al centenario de su nacimiento, que ahora se publica en el libro). La hija del recordado periodista y amigo Herman Allan Padget, reproduciendo una anécdota suya relatada en el libro: “Es hasta hoy que tomo el libro para leerlo. Lo haré con disciplina y dedicación. Gracias por tomarme en cuenta entre su lista de obsequios para esta Navidad”.

“Prometo que no quedará –reproduce una de esas verdades evidentes por sí mismas, incluida en la introducción, viva imagen de los que no leen y tienen sus bibliotecas solo de adorno– entre las ‘ahiladas ringleras de ejemplares apilados en los estantes’”.

La amiga de los DD. HH.: “Ahhhh… yo sí había distinguido al Sisimite en la contraportada del libro escalando la montaña y voy leyendo de a poco AURUM tal como leí a Kairós”. La amiga directora de uno de los influyentes medios de comunicación: “Qué hermoso libro… ya voy por los versos. Me encanta, le agradezco”.

Una exfuncionaria amiga: “He estado algo mal de salud y no había podido apreciar la belleza de la edición de AURUM y los hermosos ojos del siempre dispuesto Winston”. “Gracias, voy a leerlo con la delicadeza que convoca el libro”.

El amigo exfuncionario internacional: “Tengo su libro para lectura navideña. Comparto también que regalar libros es riesgoso, que termine guardado en algún lado”.

(Ya ves que te dije –tercia el Sisimite– otra lectora cumbeándote: “no había podido apreciar la belleza de la edición de AURUM y los hermosos ojos del siempre dispuesto Winston”. -¿Que no leíste –ironiza Winston– la defensora los derechos humanos y de los tuyos, confiesa: “yo sí había distinguido al Sisimite en la contraportada del libro escalando la montaña”? Te sacaron en la contraportada, apenas la sombra de la silueta, culpa tuya, porque además de ermitaño sos escurridizo).

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