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sábado, julio 18, 2026

Esa loca economía mundial

Por Otto Martín Wolf

Un comprador no identificado pagó recientemente $16 millones por una tarjeta impresa del programa de TV conocido como Pokemon y sus derivados en videojuegos, etc.

Cada uno es libre de hacer con su dinero lo que quiera, en eso no hay discusión, pero a veces no es muy fácil entenderlo, si no dígame qué piensa de que una banana (un simple mínimo en términos nacionales), pegado a un lienzo barato con un trozo de tape que fue comprado por alguien por $6.2!

Lo más sorprendente del caso es que el comprador simplemente lo despegó y se lo comió!

¿Puede usted, o alguien en su sano juicio, entender cosas como esas?

Lo primero que me viene a la mente con eso del mínimo de los 6 millones es que se podía tratar de una manera de reducir las utilidades de alguna empresa súper millonaria y, con eso, bajar impuestos.

Desde luego que es una especulación mía, la verdad no es fácil de entender el objetivo de esa compra.

Lo de Pokémon es más sencillo de deducir. El mundo de los coleccionistas de casi cualquier cosa es muy grande, hay estampillas de correo que valen mucho dinero. La más cara tuvo un valor original de un céntimo y en 2021 se revendió por última vez en $ 8 millones.

Autógrafos en papel firmados por alguien famoso adquieren un valor extraordinario, así como otros artículos; vestidos utilizados por celebridades, primera edición de ciertos libros, etc.

Desde luego que el valor de todas esas cosas depende de cuántos interesados existan, oferta y demanda.

El valor de las obras de arte lo determina no la calidad si no la fama del artista y la demanda entre los interesados.

¿Compraría usted un cuadro de Van Gogh por $117 millones? Ese es el precio que alguien pagó por “Los cipreces” del artista nacido en Países Bajos. Por cierto, durante la vida del pintor no vendió ni una sola de sus obras.

Aunque sus pinturas son geniales, el precio de cualquiera de sus obras realmente lo establece la demanda.

A más gente interesada y con dinero, mayor es el precio.

En eso del arte y los coleccionistas hay muchos factores que elevan los precios. La pintura más famosa del mundo -la “Mona Lisa” de Da Vinci- no tiene precio, pero la historia de cómo logró escalar al número uno del salón de la fama es realmente curiosa y aleccionadora.

La pintura se encontraba en el Museo del Louvre en un lugar sin seguridad al alcance de la mano de cualquiera.

Eso explica cómo un italiano llamado Vincenzo Peruggia, en 1911 simplemente la tomó, la ocultó debajo de su abrigo y salió muy campante.

La tuvo en su poder durante dos años. Cuando finalmente la regresó la pintura obtuvo fama de inmediato, la gente se arremolinaba para ver “la pintura que se habían robado”, tendencia que sigue hasta la fecha, aunque no todos saben la historia de su plagio.

Ese hecho, aparte desde luego de ser una obra de Leonardo (da Vinci, no DiCaprio) fue lo que la transportó a la fama universal y a un valor que muy pocos estarían en capacidad de pagar, quizá sólo aquellos con los apellidos Musk, Bezos, Gates o similares.

Para algunos de ustedes que pudieran mostrar interés en adquirirla les informo que no está a la venta, ¡no insistan!

Hablando de centenares de miles de millones, el lanzamiento de Bitcoin, la primera moneda digital y del montón que la han seguido, nos puede dar una idea de lo loca que puede volver a la gente el dinero y la ambición.

Las monedas digitales no son nada, no existen, no se pueden tocar y, a diferencia de los metales preciosos (oro, plata, platino, etc.) que tienen un valor industrial en joyería y alta tecnología, esas monedas virtuales no sirven para nada.

De hecho, sí sirven para dos cosas básicamente: La primera para lavado de activos ya que su compra, venta y posesión no están reguladas por ningún gobierno, todo en ellas se mueve en línea sin control ni freno. La segunda razón es la especulación. Miles de inversionistas-jugadores, compran con la esperanza de que suban de precio para luego vender y liquidar sus ganancias.

La idea es buena, lo que sucede es que a veces no suben, sino que más bien bajan, limpiando miles de millones a los especuladores.

Hay muchos que han perdido fortunas pidiendo dinero prestado para comprarlas y luego venderlas en el momento oportuno, planeando cubrir los préstamos y los intereses con las supuestas ganancias.

En estos momentos, precisamente, Bitcoin ha perdido la mitad del valor en apenas unos meses, ¿cuántos desgraciados habrán quedado hasta las orejas? Le garantizo que muchos.

Hay un dicho “todos los días nace un tonto”, que es bien aplicable a todos aquellos cuya ambición los lanza en busca del tesoro soñado de la fortuna rápida y terminan perdiendo hasta los calcetines.

Pero, de nuevo, la gente es libre de hacer con su dinero lo que le plazca.

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