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sábado, julio 18, 2026

El robo de las joyas

Por Emy James

Hace algunas semanas leímos con asombro la noticia de que el museo de Louvre en París había sido atracado. Si hemos estado en ese magnífico palacio que fue el hogar de la monarquía francesa hasta que Luis XIV “el Rey Sol” decidiera mudarse a Versalles, otro magnífico espectáculo que no debemos dejar de visitar si tenemos la oportunidad, si conocemos el Louvre entonces tenemos una noción de lo riguroso de su seguridad.

Incluso si hemos visto películas del tipo Código da Vinci, por ejemplo, entendemos cuánto se cuida ese recinto. Y no es para menos. El que fuera la sede de la corona, contiene en su interior una fortuna incalculable: Pinturas, esculturas, joyas entre otros tesoros, obras y propiedades de los más célebres e importantes personajes de la historia del mundo.

Se dice que para ver todo lo ahí expuesto, se requería de tres meses aproximadamente (deteniéndose un minuto en cada objeto). Para que nos hagamos una idea. Y que estamos en estas, uno de los collares hurtados (con todo el oro y piedras preciosas que nos podamos imaginar), perteneció a Hortensia de Beauharnais. Si revisamos un poco la historia de esta fascinante mujer sabremos que era hija de Josefina, el gran amor de Napoleón Bonaparte.

Que luego que su padre muriera en la guillotina (en plena Revolución Francesa), ella se vio prácticamente forzada a casarse con el hermano del nuevo esposo de su madre. En realidad, lo que el emperador ofrecía a su hija postiza era algo que cualquier mujer de su época (y de esta época también) desearía; un país para reinar.

Napoleón había ganado en una de sus famosas batallas el territorio holandés y decidió dárselo como regalo a su hermano Luis. Esta estrategia política como tantas otras ya características del gran emperador terminó funcionando muy bien. La nueva pareja real procreó tres hijos, uno de los cuales llegó a ser el afamado Napoleón III.

Todo hubiese sido perfecto de no ser porque la reina no solo no estaba enamorada de su esposo, sino que lo odiaba. Por fortuna para ella y a diferencia de otras soberanas en similar posición, Hortensia si logró “escapar” de un país y un matrimonio que la asfixiaban.

Total, y con todo lo imposible que pareciera sustraer algo del Louvre, unos sujetos en moto al estilo Tom Cruise, lograron hacerlo el pasado 19 de octubre. Las autoridades policiales expresaron en su momento, que, de no atrapar a los asaltantes en los tres días siguientes, seguramente las joyas se perderían para siempre.

Desafortunadamente eso es lo que parece haber sucedido y probablemente las soberanas deben estar revolcándose en sus tumbas.

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