SI hay algo que merece resaltar, por lo sobrio, lo ponderado, lo distinto –siquiera para apartar al colectivo unos segundos, del estridente ruido ensordecedor del entorno político proselitista, del tenso ambiente que se sufre culpa de la intensa labor de incendiarios; cargada la atmósfera de las noticias escandalosas de todos los días, ninguna de ellas, debate civilizado de los problemas nacionales cuya solución suplica la necesidad; de los pleitos entre enemigos, de los enconados conflictos instigados por el protagonismo narcisista, que le caen encima –a la gente todavía esperanzada en cambiar su vida en elecciones limpias, confiables y pacíficas– como torrenciales chubascos, provocando desgarramiento a la sensible fibra social, desmoronamiento al atormentado ánimo del prójimo de bien -fue el respiro de aire fresco que se tuvo sintonizando la comparecencia de la presidenta del Consejo Nacional Electoral, en el foro del domingo 30/30.
El moderador colocó en la pantalla el mensaje enviado por la consejera presidenta contrastando el episodio de la reyerta armada por sus compañeros y transmitida en vivo y a todo color, desde las bodegas del CLE, como si aquello contribuyese a la confiabilidad del proceso en la opinión pública: “Las elecciones se defienden – posteo APH en su cuenta X– funcionando en el marco constitucional como órgano colegiado”.
“Transmitiendo confianza al proceso electoral”. “En este momento me encuentro en el salón de Pleno para realizar la sesión convocada a las 2:00 pm”. “¡Las elecciones son posibles si se trabaja aún en contextos tensos, por Honduras!: basta de crisis. Sigamos trabajando”.
Esto resume lo repetido varias veces durante el foro. Hall reflexionó sobre el papel del CNE en un entorno donde la desconfianza suele ser la norma. “Nacimos con una misión compleja: generar confianza en un ambiente donde lo que administramos todos los días es desconfianza”.
“A pesar de contar con tecnología avanzada –“las elecciones en Honduras son de las más tecnificadas”–, reconoció que, para algunos sectores, la tecnología también genera incertidumbre”. “No puede ser que la primera palabra que venga a la mente cuando se habla del CNE sea ‘crisis’. Luchamos por construir democracia” –afirmó– destacando que los disensos internos en el órgano colegiado reflejan la diversidad de pensamiento en la sociedad, pero deben manejarse con altura y respeto”. (Y quién sabe si no en forma pública, como factor de desasosiego e intranquilidad).
“Considero –prosiguió– que como órgano colegiado y como institución le debemos a este pueblo un ambiente de tranquilidad; es normal que existan disensos, no vamos a pensar siempre igual, pero sí, siempre trato de hacer un llamado a la reflexión, luchamos por construir democracia”.
El moderador asintió: “No caigamos en la trampa de la desconfianza”. Durante el programa, el hábil periodista moderador respaldó el mensaje de Hall, instando a la ciudadanía “a no dejarse llevar por narrativas que buscan desmotivar al elector”.
(¿A quién en su sano juicio –tercia el Sisimite– se le antoja justificar estos comportamientos conflictivos, ignorando que ello propicia apatía de los electores y desánimo de concurrir a las urnas?
-Más –ilustra Winston– en los jóvenes, los independientes, los indecisos, (adictos a sus chunches digitales) a los que es imperativo motivar, transmitiéndoles altas dosis de confianza en el proceso electoral. De lo contrario, muchos de ellos se preguntan ¿si vale la pena ir a votar por lo mismo de lo mismo, en un crispado ambiente convulsionado? -Por supuesto –vuelve el Sisimite– que nada que cause miedo y nerviosismo contribuye al propósito democrático. ¿Y no será esto parte de alguna estrategia para desalentar a todos esos votantes que al fin de cuentas son los que van a decidir la elección? ¿Quiénes ganan de eso, de provocar desconcierto y desmoralización a la ciudadanía, y quiénes –vaya hatajo de boca abiertas– estarán cayendo en la trampa como tontos útiles?).


