31 C
Honduras
miércoles, junio 3, 2026

¿El chilinchín?

COMO válvulas de escape/ al rencor más enquistado/ las redes se han degradado/ en armas para el ataque./ Notoriedad y vocinglería/ ¿creéis así alcanzar la fama/ saltando de rama en rama/ monería o tontería?/ Con veneno en el tintero/ y el dedo como estilete,/ cortan al que no somete/ su criterio al majadero./

¿Juráis que suena tu grito/ que se oye entre tanto ruido?/ no veis que queda perdido/ entre la basura, marchito./ Vaya estupidez de bruto/ creyendo ser relevante,/ en la nube de sucio flotante/ solo es polvo diminuto?/ Matándose sin ton ni son/ por el placer de la batalla,/ como bestias que se halla/ presa de su frustración./

La mesura, al excusado,/ vaga lejos, sin morada,/ el alma por la cólera cercada/ retorciéndose en dolor callado./ En la plaza y en la escena/ la política da función,/ y alza más la ovación/ quien más grita y menos suena./ Poco importa la verdad/ ni el decoro de la idea,/ lo que atrae es la pelea/ el culto a la imbecilidad./

Si os desterráis la cordura/ enterráis el diálogo sensato;/ disfrutando el asesinato/ de la mesura: a la basura./ Pues si calla la interior/ voz que al mal ponía freno/, ya no hay sombra de lo bueno,/ ni escrúpulo regulador./ Dios ausente en los hogares;/ queda el odio desalmado/ del corazón desarraigado,/ acaparando titulares./ ¿Qué fin dieron a los cánones/ del respeto y la decencia?/ si en su lugar, la impudencia/ es la reina de las funciones./

La buena vecindad se pierde,/ el respeto y la bondad,/ sin pizca de humanidad/ celebran el fuego que muerde./ Todo es culto a la apariencia,/ al instante más viral,/ a la risa artificial,/ al disfraz de la insolencia./ Vida frágil, sin sustento,/ frívola, vana, vacía,/ de una fingida alegría/ que no dura ni un momento./ Políticos necios que os acusáis/ uno a otro de no arreglar,/ más nada queréis enmendar/ del mal que institucionalizáis./

Queréis que el alma resuelva/ lo que el poder ha podrido,/ ¿Qué adentro reine el sentido/ si es lo de afuera que enferma?/ De aporrear el chilinchín/ curioseando lo que sonaba/ probando si se quebraba/ lograron romperlo por fin./ Y vaya que en hora buena/ al quebrar el juguetito/ al unísono fue el grito/ ¡esta cosa ya no suena!/ Pasó que al zarandear el centro/ como vil trapo jalado,/ de un extremo al otro lado,/ lo deshilacharon adentro./

Fue la prudencia la herida,/ la integridad desgarrada,/ la decencia abandonada,/ y la razón escupida./ Urdisteis el asesinato/ dando al yunque sin piedad,/ quebrando la dignidad/ y el pensar libre y sensato./ ¿Y la culpa es de los otros?:/ ¿nadie busca en su interior/ el criterio superior/ si los responsables sois vosotros?/ Rompe el odio intransigente/ lo que al alma sostenía:/ la prudencia que servía/ de balanza inteligente./

El criterio propio, estrujado;/ la decencia, silenciada;/ la razón, deshilachada,/ y el diálogo empantanado./ El eslabón más discreto,/ que al sistema sostenía,/ fue vencido por la orgía/ del grito ruin y el aprieto./

Se rompió la compostura/ burlada la moderación,/ se premió la destrucción/ a celebrar la bravura./ Gritan “¡traidor!” ¿a cual lealtad/ apelan, quienes no la conocen?/ Si la virtud se reconoce/ solo teniéndola, ¿verdad?/ Y a la garduña el poder/ abalanzados al cometido/ ojo, que quien no lo ha tenido/ loco se puede volver./

(Al estilo –tercia el Sisimite— utilizado antes, aquí estas divagaciones, versificación de la prosa de los últimos editoriales. -La versión –ironiza Winston—recogida en estas redondillas Sor juanescas, es completamente ficticia. Cualquier parecido con la realidad, o similitud con personas reales (vivas o muertas) es pura coincidencia.)

Más Noticias de El País