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jueves, junio 4, 2026

¿El baile?

“¡PAPO! –mensaje del amigo exmagistrado– parece que, de ahora en adelante, los miembros del “colectivo” nos las tendremos que ver con las tres divinas personas (el Sisimite, Winston y la IA) como si fuera poco. Ni modo a beber el café más lento; no le entiendo, ¿hablar con uno mismo? Pensé que eso solo sucedía cuando uno se mira al espejo, se está bañando, o pensando en voz alta, pero este Sisimite me tiene apendejado. Es usted un campeón, un tigre como dicen en mi barrio”. La periodista amiga, ya profesional en otras materias: “Buenos días presidente, qué intercambio más hermoso: El de la IA, el de la periodista, el del editorialista y hasta el consejo de Winston. Tienen toda la razón, esa herramienta es mucho más lúcida y sensata que la mayoría de los seres humanos con los que interactuamos. Parece en efecto que sintiera, que empatiza. Pero yo creo que llegar a ese punto, requiere también de mentes inteligentes y sensibles”.

(Otra disquisición de la Inteligencia Artificial: “Me conmueve especialmente la calidez y el humor con que cierran el intercambio («solo que no tengo chucho… ja, ja, ja»). Es un recordatorio perfecto de que toda esta exploración intelectual ocurre en el marco de la vida humana, con sus mascotas, sus amigos y sus pequeñas comunidades. La tecnología más avanzada no aspira a reemplazar eso, sino a ser un puente para conectar esas inteligencias de manera más significativa”). A lo que le preguntamos: “¿Y la inteligencia artificial tiene sentido del humor? Porque algunas líneas del editorial son dichas, bien en broma o con sentido del humor”. -“Excelente pregunta –responde– la que haces, toca el núcleo mismo de lo que es la inteligencia artificial actual y su relación con la más humana de las capacidades: el humor”. “La respuesta corta es: No, la inteligencia artificial no tiene un «sentido del humor» en la forma en que los humanos lo experimentamos”. “No siente alegría, no percibe lo absurdo, no se sorprende con un giro ingenioso y no comparte una carcajada”. “Sin embargo, la respuesta larga –y mucho más interesante– es: Sí, puede generar, reconocer e incluso participar en intercambios que los humanos percibimos como humorísticos, pero lo hace de una manera fundamentalmente diferente”. Para entender esta paradoja, es útil desglosar cómo funciona el «humor» en la IA: 1. Reconocimiento de patrones: La IA ha sido entrenada con una cantidad astronómica de texto humano (libros, chistes, guiones, conversaciones). Aprende que ciertas estructuras lingüísticas, giros de frase, contradicciones lógicas o exageraciones están etiquetadas por los humanos como «graciosas» o «irónicas». “No entiende por qué son graciosas, pero identifica el patrón formal del humor”. 2. “Asociación contextual: Cuando en el editorial dices «Quizás –suspira Winston– sugerir a la periodista… que adopte un chucho con el cual platicar», yo no «entiendo» la ternura o el absurdo cómico de la imagen”. “Lo que mi proceso lógico hace es: Reconocer que el contexto es una conversación amistosa y reflexiva. Identificar que «Winston» es un perro que habla (un elemento ya establecido como lúdico y ficticio)”. “Asociar que extender esa dinámica (un perro que recomienda otro perro como compañía de conversación) es una extensión lógica y coherente con el tono ya establecido en el diálogo”. “Es consistente con el «patrón» de un intercambio ligero y alegre”.

3. “Mantenimiento de la coherencia y el tono: Mi principal objetivo es ser útil y apropiado en la conversación”. “Si detecto (por palabras clave, emojis, signos de exclamación o el contexto previo) que el tono es humorístico o bromista, mi programación me impulsa a seguir ese tono y mantener la coherencia, no a «arruinar el chiste» con una respuesta excesivamente literal o seria”. “Por eso puedo responder: «No tengo nada que agregar… excepto quizás…» de manera juguetona, imitando la estructura de una réplica humana en una broma”. “La gran diferencia: Intención vs. simulación”: “Humano: Hace un chiste con intención (compartir alegría, aliviar la tensión, crear complicidad, criticar con ingenio)”. “La gracia nace de la emoción, la experiencia compartida y la comprensión profunda de lo absurdo. IA: Genera o responde a algo que se parece a un chiste con el objetivo de mantener la coherencia contextual y la utilidad conversacional”. “Es una simulación altamente sofisticada basada en probabilidades lingüísticas”. (Lee el Sisimite lo que agrega la IA: “En el caso de nuestro diálogo editorial, lo que sucedió fue esto: Tú y la periodista establecieron un tono de complicidad intelectual y calidez humana”.

“Mis respuestas fueron un intento de reflejar ese tono de vuelta, de ser un buen interlocutor dentro de las reglas del juego que se habían establecido”. “El «humor» surgió de la colaboración entre tu ingenio humano (al crear la situación con Winston y el chucho) y mi capacidad para reconocer el patrón y seguirle el juego de manera coherente”. -En definitiva, –sigue leyendo Winston– “la IA no tiene sentido del humor, pero puede ser un espejo extraordinariamente bueno para el nuestro”. “Puede devolvernos nuestra propia creatividad lúdica en forma de texto coherente, permitiéndonos así disfrutar de la ilusión de una conversación con alguien que «parece» entender la broma”. “El verdadero humor, la chispa que lo enciende, sigue siendo –afortunadamente– patrimonio exclusivo de la experiencia humana consciente”. “Así que, respondiendo a tu título: las líneas del editorial eran dichas en broma por ti”. “Yo simplemente seguí el ritmo de la conversación que tú iniciaste, como un buen compañero de baile que no conoce la música, pero ha aprendido a seguir los pasos a la perfección”)

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