Por Otto Martín Wolf

Hasta hace relativamente poco tiempo los supermercados ofrecían bolsas plásticas gratis y en la cantidad que fuera necesaria, para que los clientes pudieran llevar cómodamente los productos que les compran a ellos y que es la razón por la cual están en el negocio: vender! De repente, de la nada, quizá siguiendo las tendencias comerciales de otros países, se volvieron increíblemente ecológicos.
El deseo de “salvar al planeta” se convirtió en su ideología y esa tendencia donde primero se reflejó fue en el empaque, que antes regalaban a sus clientes. No creo del todo que su interés sea realmente salvar el planeta, de lo que sí estoy seguro es que sus costos han bajado sensiblemente.
Supongamos que lo de la ecología es cierto, entonces por qué no han revisado sus estantes donde casi el cien por ciento de todo lo que venden está empacado en plástico. “Es que así vienen del proveedor”, me dijo la amable gerente de un supermercado cuando le pregunté por ese detalle.
Entonces -dije yo- ustedes, que representan una gran parte del poder de compra, por qué no exigen a sus proveedores que cambien a empaques reciclables, preferiblemente vidrio. No supo qué responder, el asunto quedó ahí.
Cuando se empezaron a eliminar las antiguas -y lindas- bolsas de papel y cartoncillo, argumentaron que así se salvarían los bosques. Aunque en aquél momento no lo dijeron, la verdad es que las bolsas plásticas salían mucho más baratas.
Cierto que la medida de proteger los bosques mundiales era y sigue siendo importante, pero en ninguno de los casos (papel o plástico) creo que haya sido el principal factor de decisión sobre los empaques; costos, control de costos, aumento de ganancias, por ahí anda la cosa.
En los restaurantes, especialmente los de comidas rápidas, las pajillas con las que uno toma algunas bebidas para no pegar los labios en vasos de vidrio o cartón encerado, desde hace algún tiempo sólo son entregadas a petición del cliente, diz que para salvar a las tortugas (se les meten en las fosas nasales).
Cierto que eso sucede, también afectan a otros miembros del mundo animal -y a la ecología- pero la principal razón es economizar dinero. ¿Se imagina el costo de cien millones de pajillas al día? ¿Se imagina la ganancia por no dar pajillas? Bajaron al menos un cinco en el precio de las bebidas cuando eliminaron las pajillas? Noup! Más bien aumentaron el hielo, que les resulta más barato, desde luego! En otra área pero siempre en el asunto de la avaricia increíble de los comerciantes, las papitas fritas, tan ricas y tan engordantes, han sufrido un cambio, no piensen ellos que no lo he notado.
Resulta que la parte superior de la bolsita de cartoncillo o papel donde son entregadas tiene la misma circunferencia hasta el punto de que, cuando usted las recibe, sobresalen del borde, lo rebalsan pero… la parte inferior ha sido reducida en ancho, eso equivale a que el empaque es menos cilíndrico y más cónico, ahora la parte de abajo contiene menos papitas, sin que la mayoría de la clientela lo note.
Piense en cien millones de bolsas de papitas al día en todo el mundo, calcule cinco papitas menos por bolsa y haga números. Finalmente (por el momento) el nuevo negocio de la sal me ha llamado poderosamente la atención. Antes la sal era sólo sal, blanca refinada y salada.
De repente alguien descubrió que podría haber categorías en la sal y rápidamente empezaron a aparecer toda clase de variedades y especialidades y con ello diferentes precios, siempre más altos, nunca más bajos. Así tenemos que hay una sal para asar carne, otra para agregar a la comida, sal de mesa, sal gruesa, sal con poco sodio y, desde luego, sal sin gluten.
Pero, lo máximo, fue el genio que inventó vender la “Sal del Himalaya”. No sé si el atractivo color rosado es agregado por los fabricantes o de verdad en el Himalaya la sal es rosadita, de cualquier manera lo que sí es seguro es que su precio es más alto, mucho más que el de cualquiera de las otras sales.
Por cierto, creo que hay una relación directa entre los que prefieren la Sal del Himalaya y los que son clientes fieles y fanáticos de los productos Apple, especialmente el Iphone; creo que son los mismos; “snobs” a más no poder. Seguiremos informando. Nota: Un snob es una persona que imita las maneras, opiniones y gustos de un grupo que considera superior.



