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viernes, junio 5, 2026

¿Un disparate?

“LINDO escrito; –mensaje de uno de los cipotes de Cipotes– vivimos en una época donde parece que todo exige una respuesta inmediata: ¿qué hacer? ¿quién ser? ¿hacia dónde ir?”.

“Rilke tenía razón: algunas respuestas solo llegan cuando hemos caminado lo suficiente dentro de la duda”. “Vivir las preguntas es aceptar que no todo se entiende ahora, que hay procesos que maduran con el tiempo, y que el sentido muchas veces se revela cuando dejamos de correr detrás de certezas y aprendemos simplemente a estar presentes”.

“Y en medio de esa búsqueda, los jóvenes debemos recordar lo que dice el verso de la Biblia en los Cantares: “Sustentadme con pasas, confortadme con manzanas”.

“Eso significa que lo nuevo y lo viejo deben ir juntos; los jóvenes no somos nadie sin los viejos, porque es de su experiencia que nace la sabiduría que da forma a nuestras preguntas y, con el tiempo, a nuestras respuestas”.

“Que buen final –mensaje de la jurista amiga– realmente es un tema filosófico”. “Por alguna razón, me llevó a pensar en las personas que juzgan sin tener mayores elementos y se enfocan en el problema sin buscar la solución”.

“Ser reflexivos respecto a las preguntas, nos lleva a ser propositivos para encontrar respuestas; respuestas a por qué ocurren determinados sucesos, las consecuencias que trae”. “Si son favorables, cómo se aplican a otras circunstancias similares”. “Y en caso de ser adversas, lo que las causó, lo que pudo evitarse y lo que puede cambiar dicha situación”.

Una vecina del barrio: “Hay momentos en la vida en que el alma se llena de preguntas. Nos inquieta no saber, no entender, no tener claridad sobre el camino. Pero hay una sabiduría divina en esa incertidumbre: no todas las respuestas están listas para ser reveladas. Algunas deben madurar dentro de nosotros, como semillas que necesitan tiempo, silencio y fe para florecer. Porque en cada duda hay una enseñanza oculta, en cada espera una transformación silenciosa. Cuando aprendemos a habitar nuestras preguntas con serenidad, dejamos que la vida o Dios nos vaya moldeando desde adentro, hasta que un día, sin darnos cuenta, ya estamos viviendo dentro de la respuesta”.

“Así, el alma comprende que no se trata de entenderlo todo, sino de confiar en el proceso divino. Que las respuestas no se buscan, se reciben. Y llegan justo cuando estamos preparados para reconocerlas”.

El amigo notario: “¿Qué hubiese contestado Enrique Jardiel Poncela frente a la interrogante –“¿Vivir las preguntas?”– que se formula en el editorial? (Jardiel Poncela, –tercia el Sisimite– con su escepticismo radical, su inteligencia corrosiva y su peculiar humor seguramente habría reaccionado con sorna y genialidad.

Una chispa «jardieliana»: “Lo que hacemos no es vivir las preguntas sino sobrevivir las respuestas”. –O bien – ironiza Winston– con una construcción lógica del absurdo: “La pregunta ‘¿con qué lo pago?’ es una incómoda habitación minúscula y sin ventilación; la pregunta ‘¿y ahora qué hago?’ es un callejón sin salida; y la pregunta ‘¿pero, tú quién te crees que eres?’ suele ser un balcón desde el cual es fácil desbarrancarse”.

-O quizás esto otro: –vuelve el Sisimite– “Para los sabios, la vida es una pregunta, para lo tontos, una respuesta, y para los cuerdos, un disparate”. -¿Qué te parecería –se ríe Winston– esta otra: “Lo malo no es vivir las preguntas, es morir de ellas”.

Es que para Rilke lo recomendable era una actitud de respiro y de paciencia mientras que, al dramaturgo español, demoledor de tópicos, la búsqueda de la verdad era “un campo minado de estupidez humana, pretensión y contradicciones”. Su respuesta habría sido una ingeniosa cortina de humo refugio de la lógica para, tras la carcajada, dejar al descubierto la incomodidad de no tener una respuesta verdadera, privilegiando la risa inteligente sobre el consuelo poético).

 

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