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viernes, junio 5, 2026

Cosas asombrosas y muy misteriosas

Por Otto Martín Wolf

A veces el ser humano, presionado por las circunstancias, de manera consciente o no, se encuentra realizando acciones que normalmente están fuera de su capacidad.

Se cuenta de muchos casos en que hombres o mujeres han sido capaces de levantar enormes pesos, eliminar obstáculos y realizar otras “hazañas” fuera de lo normal, precisamente por encontrarse en situaciones anormales.

Veamos algunas de esas cosas asombrosas y muy misteriosas, dejando de lado las teorías de conspiración y, también, aquello de “milagros”.

Lo que veremos a continuación son casos comprobados, con nombre, apellido y fechas.

Este tipo de historias relatan hazañas de resiliencia extrema donde el instinto de supervivencia humano logra superar barreras físicas aparentemente imposibles.

Charlene Kirby, de 75 años, residente en Colorado, USA.

En julio de 2025 se rompió el fémur tras un accidente con su vehículo de trabajo en una zona remota.

Con la pierna fracturada —lesión que es mucho más dolorosa que un simple uñero— se arrastró durante 14 horas para buscar ayuda.

Mihuki Harwood, en 2015, sobrevivió nueve días en la Sierra Nevada, California arrastrándose durante kilómetros hasta un arroyo que le permitió sobrevivir al ser encontrada por rescatistas.

Denell Baleni (2025): una atleta que se fracturó la pelvis en el desierto de Utah y se arrastró kilómetros por un cañón, guiada solo por su perro y, claro, por ese viejo invento llamado supervivencia.

Este tipo de hazañas relatan la capacidad de sobrevivir del cuerpo humano en situaciones de adversidad terribles, superando barreras físicas aparentemente insuperables.

El organismo, en una situación límite, activa mecanismos biológicos tales como descargas masivas de adrenalina y endorfina que pueden enmascarar dolores intensos y permitir movimientos que son imposibles en condiciones normales.

Y aquí comienza lo verdaderamente misterioso, porque la ciencia explica bastante… pero no siempre convence del todo.

Por ejemplo: una persona sana y descansada, en condiciones normales, es incapaz de levantar una refrigeradora.

Sin embargo, si debajo de la refrigeradora quedó atrapado un hijo o el televisor nuevo de setenta pulgadas, la situación cambia radicalmente.

Hay registros médicos y policiales de individuos que han levantado automóviles, derribado puertas metálicas y soportado heridas incompatibles con cualquier idea razonable del confort humano.

En esos momentos aparece una criatura extraña que vive escondida dentro de nosotros: el ser humano de emergencia!

El superhéroe de poderes enormes sólo utilizables en caso de extrema necesidad.

Ese individuo no conoce el cansancio, no pide permiso, ni consulta al traumatólogo y tiene una pésima opinión acerca de la muerte, la cual rechaza persistentemente.

La naturaleza —que generalmente trabaja con bastante parsimonia— parece guardar una reserva secreta de energía para ocasiones especiales. Algo así como el fondo de ahorro fisiológico.

Uno pasa años enteros sintiéndose agotado por subir una escalera pero basta un incendio, un terremoto -o una suegra con malas intenciones- para descubrir que el cuerpo aún tenía recursos ocultos.

Y no ocurre solamente con la fuerza.

Existen personas que han permanecido conscientes durante operaciones dolorosisimas, soldados que caminaron kilómetros con heridas gravísimas y náufragos que sobrevivieron semanas enteras alimentándose de lluvia, esperanza y pensamientos confusos.

El cerebro humano, en circunstancias extremas, parece alterar la percepción del tiempo, del dolor y hasta de la realidad.

Muchos sobrevivientes describen una extraña claridad mental. Otros aseguran haber sentido una calma absoluta. Algunos incluso relatan haber tomado decisiones complejas mientras perdían sangre a velocidades de motociclista de entrega a domicilio.

Curiosamente, la mayoría de estas personas no se consideran heroicas.

Después de sobrevivir suelen decir frases profundamente decepcionantes para la literatura, como: —“No sé… simplemente seguí.” O: —“Supongo que cualquiera habría hecho lo mismo.

” Lo cual demuestra que el heroísmo auténtico casi nunca tiene buena memoria o capacidad de redacción.

Quizá allí reside el mayor misterio de todos. No en fantasmas, ni en platillos voladores, ni en pirámides construidas por marcianos con exceso de tiempo libre.

El verdadero misterio es ese mecanismo oculto que se activa cuando todo parece perdido.

Más o menos como cuando Clark Kent se cambia de ropa para convertirse en Supermán. En estos casos los súper poderes no son permanentes ni el cambio es voluntario aunque el peligro sí pueda compararse con la amenaza de un Lex Luthor.

Esa fuerza silenciosa que permanece dormida dentro de individuos comunes: panaderos, oficinistas, jubilados, atletas, taxistas y personas que normalmente se quejan porque el café está muy caliente o, la mayor parte de las veces, porque está muy caro.

Tal vez el ser humano sea mucho más resistente de lo que imagina.

Y quizá la naturaleza, desconfiando prudentemente de la inteligencia cotidiana y las intenciones de la mayoría,  decidió ocultarnos nuestras verdaderas capacidades… para evitar que intentáramos levantar automóviles simplemente para impresionar vecinos o llevarnos uno ajeno sin necesidad de grúa.

Nota: En ninguno de los casos las personas mencionadas tenían uniforme de superhéroe ni llevaban capa.

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