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miércoles, abril 17, 2024

COLUMNA CUADRANDO EL CÍRCULO: Crucificados por el internet

Próximo a cumplir mis cuarenta y 15, mientras deambulaba buscando nada y queriendo algo, intentaba resumir en un “debe y haber” rápido los logros y fracasos en mi vida, y resumí que nada me debe y tampoco le debo.

En ese ensimismamiento de sumas y restas estaba, cuando un cuchicheo de dos a mi lado me sacó de mi hermetismo ambulante y de inmediato paré la oreja y arqueé la ceja al oír su ameno y breve diálogo.

Fue sin querer, el fin de semana previo a la semana “zángana”, paseaba en un centro comercial, cuando escuché una breve tertulia de dos amigas que me hicieron meditar sobre la brevedad del periplo vital, de lo banal y lo profundo, lo ficticio y lo real, y de lo mundano, lo espiritual y lo verdaderamente importante.

Su respuesta a la pregunta de ella de ¿a dónde irás en Semana Santa?, me hizo reflexionar sobre lo que nos pasa y que parece ser irreversible desde hace tiempo. “No sé todavía, total a donde vaya y en donde esté permaneceré con el celular en la mano vacacionando en la red”, ripostó y aligeraron el paso y se perdieron, sí, cada una con su teléfono de alta gama, o al menos eso parecía, en la mano, mientras se deleitaban viendo a los nuevos héroes y beldades modernas que moran en el ciberespacio.

Pensé que no es necesario ir a cualquier parte si se puede ver a quien quieras y en donde sea con solo sumergirse en la aldea virtual que ya nos consume y esclaviza a diario y que, siendo útil a muchos, sirve para nada a otros más inútiles que divagan como zombis en la red social.

Reflexioné entonces que, cuando alguien rehúye la cercanía con sus afectos, el abrazo y la comunicación “feiz tu feiz” con sus quereres, y prefiere silenciarse y ahogarse en la fecalidad virtual, no debe estar bien de la cabeza y entonces se hace hora de una desintoxicación digital pues pasar demasiado tiempo frente a una pantalla puede ser dañino y se hacen obligadas reglas, metas y límites para liberarse de las garras de la tecnología.

Informarse, conocer lo sombrío que está el mundo, enterarse del reporte de los vivos sobre los muertos del último momento en cualquier vergal, de las nuevas y viejas enfermedades que nos amenazan, también de los virus y bacterias que pueden aparecer para exterminarnos, de la última guerra de Putin, del misil reciente del loco norcoreano y su alcahuete chino, y de la más reciente bayuncada del animal Benito “que canta” y su caterva de pendejos, todo eso y más  implica mirar una pantalla, morir sin sentido perdiendo el tiempo y con eso la vida, en internet.

La vida, a veces cruel pero siempre hermosa, se trata de mucho más que eso, y desperdiciarla obsesionados con una pantalla no vale la pena y solo evidencia la pobreza mental, carencias y deficiencias afectivas, baja autoestima y multiplicidad de complejos para quien exhibe abundancia sabiéndose en precariedad (dime de lo que presumes y te diré de lo que careces).

Pensaría que con estas vacaciones veraniegas llegó también un buen momento para tomar un respiro y considerar desintoxicarse digitalmente, lo recomiendan los expertos en tecnología y eso no significa salir de golpe de internet sino como hacer dieta y reemplazar los malos hábitos por otros más saludables para darles a nuestros ojos cansados un muy necesario periodo de inactividad en las redes fecales.

La regla de que el consumo de todo en exceso es malo, cobra vigencia también en relación con el Internet en donde hay muchas cosas buenas que hacer en línea, pero la moderación también es regla y se aplica igual para las pantallas.

Igualmente, algunos psicólogos sugieren establecer límites hasta encontrar alternativas a estar pegados a los celulares y para eso proponen idear un plan pues no todo el tiempo frente a las pantallas es malo porque muchos asisten a clases a través de videoconferencias. Así que el primer paso es evaluar qué partes del tiempo frente a una pantalla resultan tóxicas y producen infelicidad y por eso el segundo paso es crear un plan realista para minimizar el consumo de lo negativo.

Es difícil eso, de hecho, es más fácil decirlo que hacerlo, por ello se recomienda programarse incluso para navegar en internet y tomar descansos. Eso ayuda a estructurar la vida. Lo más importante es tratar el tiempo frente a las pantallas como si fuera un caramelo que ocasionalmente se puede comer.

También es bueno, sugieren los especialistas, crear zonas sin teléfono lo que implica dormir sin el dispositivo al lado pues hay estudios que han demostrado que la gente que tiene celulares en sus habitaciones duerme peor porque esos aparatos son perjudiciales para el sueño ya que la luz azul de las pantallas engaña al cerebro y le hace pensar que es de día, y algunos contenidos sobre todo las noticias pueden ser psicológicamente estimulantes y mantenernos despiertos.

Además, es importante no engancharse habida cuenta que los productores tecnológicos han diseñado muchos mecanismos o técnicas de la psicología del comportamiento para mantenernos pegados a las pantallas y volvernos adictos a sus productos.

Cualquier esfuerzo que se haga para reducir el consumo en internet valdrá la pena, por pequeña que sea esa tarea, pero hay un ejercicio sencillo y muy importante y es que basta recordar que, fuera del trabajo, gran parte de lo que hacemos en línea no importa, y es un tiempo que podemos dedicar a otras cosas verdaderamente trascendentes que enaltecen la vida en lugar de desperdiciarla en una pantalla.

Herbert Rivera C.
[email protected]

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