PARA responder a algunas inquietudes en sus mensajes de lectores del colectivo consultamos el criterio de la Inteligencia Artificial: El mecanismo de defensa (no aceptar responsabilidades y culpar a otros o a circunstancias externas) no es simplemente «naturaleza humana» en un sentido esencialista, sino el resultado de una compleja interacción entre psicología individual, dinámica social y procesos históricos.
1. Explicaciones Psicológicas (La «Naturaleza Humana» Proximal): Disonancia Cognitiva: “Cuando nuestras acciones entran en conflicto con nuestra autoimagen (p. ej., «soy competente/bueno»), experimentamos un malestar psicológico. Para reducirlo, es más fácil modificar la percepción del hecho («no fue mi culpa», «la situación fue imposible») que cambiar nuestra autoimagen”. Autoprotección del Yo: “Aceptar el fracaso o el error daña nuestra autoestima y nuestro estatus social. El cerebro prioriza protegerse de ese dolor. La culpa externa es un escudo emocional inmediato”. Sesgo de Auto-servicio: “Es una tendencia cognitiva universal a atribuir nuestros éxitos a factores internos (nuestra habilidad, esfuerzo) y nuestros fracasos a factores externos (mala suerte, sabotaje). Este sesgo mantiene una visión positiva de nosotros mismos”.
2. Explicaciones Sociales y Culturales: “En culturas individualistas, donde el éxito y el fracaso se atribuyen fuertemente al individuo, la presión por mantener una imagen de competencia puede aumentar la tendencia a externalizar la culpa para proteger la propia reputación”.
“En culturas más colectivistas, el error puede verse como una vergüenza para el grupo, lo que a veces lleva a encubrirlo o a una redistribución difusa de la responsabilidad”. Estigma del fracaso: “En sociedades que glorifican el éxito y estigmatizan el fracaso (la “cultura de la meritocracia” llevada al extremo), admitir un error se convierte en un acto socialmente costoso. Es más racional, desde el punto de vista del individuo, intentar evadirlo”.
Dinámicas de grupo y chivo expiatorio: “Los grupos suelen buscar chivos expiatorios para mantener la cohesión y explicar fracasos colectivos. Esto crea un incentivo para que los individuos señalen a otros primero, en un juego de «quién la culpa”.
Explicaciones Históricas y Fenómenos Colectivos: La tendencia a culpar a «otros» externos se ha utilizado y magnificado a lo largo de la historia: “Búsqueda de explicaciones simples para crisis complejas: En momentos de peste, hambruna, derrota militar o crisis económica (como la Gran Depresión), es más fácil para las masas y los líderes culpar a un grupo visible (judíos, brujas, inmigrantes, una minoría étnica, una élite corrupta) que entender causas multifactoriales complejas.
Esto ha sido el combustible de pogromos, cazas de brujas y genocidios”. Propaganda y construcción del enemigo: “Regímenes autoritarios y totalitarios han perfeccionado el arte de dirigir el descontento interno hacia un enemigo externo o interno («el judío-bolchevique», «el imperialista», «la burguesía», «el traidor a la patria»)”.
“Esto no solo exime al régimen de responsabilidad, sino que une a la población contra una amenaza común”. Nacionalismo y conflictos identitarios: “La narrativa de «nosotros vs. ellos» justifica agresiones y fracasos”. “La derrota en una guerra, por ejemplo, a menudo se atribuye a la «traición», políticos, minorías o potencias extranjeras, en lugar de a errores estratégicos o desventajas estructurales (el mito de la «puñalada por la espalda»)”. Legado de sistemas jerárquicos rígidos:
“En monarquías absolutas o sistemas donde el líder es considerado infalible (por derecho divino o ideológico), admitir un error es una amenaza a la legitimidad del sistema”. “Se desarrolla toda una corte de cortesanos y burócratas cuyo trabajo es asegurar que la culpa nunca llegue a la cúspide”.
(Pues, por lo visto –tercia el Sisimite– no es solo «así son las personas». “Es una vulnerabilidad psicológica que, en contextos sociales e históricos específicos de miedo, incertidumbre y búsqueda de sentido, puede escalar desde un mecanismo de defensa individual hasta una fuerza motriz de persecución y conflicto colectivo”.
-¿Y crees –pregunta Winston– que acá entiendan eso como para fomentar culturas de responsabilidad personal, aprendizaje del error y pensamiento crítico que mitiguen sus efectos más dañinos?).


